Alemania y las razones históricas de su apego a la estabilidad

El escepticismo de los alemanes frente al euro se mitigó un poco gracias a que en el diseño de la arquitectura de la unión monetaria se introdujeron elementos tomados de la cultura alemana de la estabilidad.
AFP/Referencial

La firmeza alemana frente a la crisis griega, que algunos han llegado a calificar de intransigencia dogmática, está motivada tanto por la coyuntura política y económica actual como por razones históricas que se remontan a la hiperinflación que sufrió Alemania en 1923.

En primer lugar, actualmente la canciller alemana, Angela Merkel, en quien muchos ven la encarnación del rechazo alemán a posiciones más flexibles frente a la crisis, no está presionada dentro de su país desde la izquierda sino desde la derecha.

Muchos consideran su posición incluso como excesivamente condescendiente con Grecia, y dentro de su propio partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala bávara, la Unión Socialcristiana (CSU), han visto desde el comienzo como un error los dos primeros paquetes de rescate, que ella en su momento defendió como algo "sin alternativa".

Detrás de ello hay un temor visceral a perder lo que en Alemania se llama "la cultura de la estabilidad", que en su momento representó el Bundesbank, creado como una especie de antídoto contra el fantasma de la hiperinflación de 1923 (en plena República de Weimar), de la que todavía se cuentan historias de pesadilla.

La caída en picado del valor del dinero, más del 50 por ciento de inflación mensual, está clavada en el imaginario alemán como una perversión que hizo que la gente austera y trabajadora viera cómo desaparecía el valor de los ahorros mientras que los que habían vivido a crédito veían reducirse el valor de sus deudas.

Sin duda, esa experiencia fue uno de los gérmenes del descontento que diez años más tarde terminó llevando a los nazis al poder y algunos dicen hoy que, tras la II Guerra Mundial, el lema "nunca más inflación" fue tan importante como el de "nunca más guerra".

De hecho, el control severo del Bundesbank llevó a que en Alemania las tasas de inflación fuesen, entre los años cincuenta del siglo XX y la introducción del euro, claramente menores que en los otros países europeos, al darle al marco alemán una solidez que solía poner bajo presión a las otras monedas europeas.

Eso explica que la llegada del euro y sus preparativos en la última década del siglo XX se hayan visto con sentimientos encontrados en Alemania.

Por una parte, se trataba de una pieza importante del proceso de integración europea y como tal lo vendió el canciller de la época, Helmut Kohl, quien recordaba siempre que la UE era un milagro que le había dado a Europa una paz estable sin precedentes.

Por otra parte, la introducción del euro significaba el fin del marco, uno de los símbolos por excelencia del milagro económico alemán, y de la posición del Bundesbank como banco central de referencia en Europa.

El escepticismo de los alemanes frente al euro se mitigó un poco gracias a que en el diseño de la arquitectura de la unión monetaria se introdujeron elementos tomados de la cultura alemana de la estabilidad.

Por un lado, la independencia del Banco Central Europeo (BCE) y la definición de su mandato alejaban el fantasma de que se pudiese utilizar la política monetaria para sanear artificialmente los presupuestos nacionales.

Eso explica que el programa de compra de bonos y el mantenimiento de los créditos de emergencia a Grecia hayan recibido duras críticas en Alemania.

Por otra parte, el Tratado de Maastricht fijaba unas reglas precisas entre las que la más recordada, últimamente, suele ser la prohibición de la mutualización de la deuda, consagrada en el artículo 125.

Para el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble -el principal representante de la línea dura dentro del gobierno de Merkel- ese artículo también cierra la posibilidad de una quita de la deuda griega con la eurozona.

Alemania es el principal acreedor de Grecia dentro de los países de la eurozona pero a muchos de los críticos del rescate les preocupa aún más que la posibilidad de perder 80.000 millones de euros, lo que probablemente ocurriría con un "Grexit", el peligro de que se rompan las reglas de la unión monetaria.

Esto último cuestionaría todo el sistema que de alguna manera todavía sigue el modelo de la cultura de la estabilidad que acompañó a lo que se llamó el capitalismo renano.

EFE