Rebeldes se alistan para entrar en bastión de resistencia gadafista

Fuentes Rebeldes han apuntado que en Bani Walid, ciudad leal al dictador libio, también podría estar oculto el propio Gadafi, una información que no ha sido confirmada ni desmentida oficialmente.

Los rebeldes libios decidieron hoy posponer su entrada en la ciudad de Bani Walid, uno de los tres grandes bastiones de resistencia gadafistas, para intentar evitar el baño de sangre, pero parece que finalmente lo harán en las próximas horas.

Así lo reveló hoy a Efe uno de los responsables de la fuerza de elite rebelde "Katiba Trípoli", a las afueras de esta ciudad del desierto libio, en la que se cree que podrían estar escondidos al menos dos de los hijos del ex hombre fuerte de Libia, el coronel Muamar Gadafi.

Algunas fuentes rebeldes han apuntado, asimismo, que en este bastión de la tribu de los Warfalla también podría estar oculto el propio dictador, una información que no ha sido confirmada ni desmentida oficialmente.

"Ha habido conversaciones de última hora, pero ya está todo listo", explicó a Efe un militar sobre el terreno, sin querer aclarar si las conversaciones de última hora habían fracasado, como apuntan algunos medios.

En este sentido, el oficial insistió en que la entrada final no se prorrogará mucho más, ya que se teme que la tregua haya servido para que los mercenarios que se atrincheran se pertrechen y para que grupos de gadafistas hayan huido hacía la ciudad vecina de Sebha, situada más al sur.

Apenas existen noticias sobre la situación en el interior de Bani Walid, población situada 120 kilómetros al sur de Trípoli, ya que las comunicaciones fueron cortadas hace algunos días.

Aunque ha habido tiroteos esporádicos en las últimas horas, la situación en las proximidades de la ciudad es de una calma no exenta de tensiones.

Se cree que en su interior todavía resiste un grupo de unos 100 gadafistas fuertemente armados, y que hay apostados numerosos francotiradores, que podrían haber sido los protagonistas de los escasos disparos de las últimas horas.

La eventual caída de Bani Walid, uno de los vértices del triángulo de la resistencia junto a la ciudad desértica de Sebha y la costera de Sirte, cuna del dictador, es contemplada por el mando militar rebelde como el punto de inflexión definitivo para el fin del conflicto armado.

Los rebeldes creen que, aunque finalmente en ella no se atrape al propio Gadafi, o alguno de sus hijos, su rendición tendrá un efecto dominó con el resto de bastiones rebeldes, en particular Sirte y Juhafra.

Bani Walid, una de las cunas de la gran tribu de los Wafala, fue escenario entre 1993 y 1996 de protestas que fueron reprimidas por la fuerza por el entonces poderoso régimen de Gadafi,

Uno de los que esperan con entusiasmo la resolución del asedio es Ahmad Ali al Wafali, un soldado rebelde que pertenece a la tribu de la ciudad.

Sentado a la sombra de un desvencijado antiaéreo, fuma con parsimonia y cierta presunción mientras otea en el horizonte las primeras casas de la ciudad de Bani Walid.

Miembro del batallón 28 de mayo, este joven, de 28 años, piel polvorienta y pelo encrespado, es ya todo un veterano en estas lides.

Cuenta que desde que a principios de marzo escondió su uniforme de la Policía libia, ha combatido en Zintan, Misrtata, Trípoli y Bab al Aziziya, donde dice que cogió el fusil AK-47 que ha marcado con el nombre de su tribu: los Wafalla.

"Si Dios quiere, hoy tomaremos Bani Walid, y después seguiremos nuestro camino hacia Sebha. Así hasta que liberemos toda Libia y la limpiemos de ratas", explica a Efe bajo el sol abrasador del desierto.

Sin embargo, apoyado sobre su kalashnikov, Al Wafali opinó que el asedio o la batalla de Bani Walid no va a ser la última que los rebeldes libren.

Cree que los combates proseguirán en lugares como Sebha y Sirte, quizá durante meses, hasta que el tirano que los ha oprimido y los ha empobrecido no esté muerto o entre rejas.

"Después de Bani Walid, adelante, adelante por el desierto hasta Sebha. No importa dónde esté, dónde quiera esconderse, no tiene escapatoria", insiste.

Cuando se le pregunta qué hará después, una vez que la guerra haya concluido, no duda. Entierra su colilla junto a un casquillo de bala en la arena y asegura: "me limpiaré, me afeitaré, me cortaré el pelo, me pondré mi uniforme de Policía y volveré a mi trabajo". EFE