En las últimas semanas se ha producido una intensa actividad militar en Groenlandia. En respuesta a las reiteradas amenazas de la actual Administración estadounidense de tomar el control de la isla ártica, varios países europeos, también miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), han lanzado la "Operación Resistencia Ártica".
La ciudad de Kangerlussuaq en Groenlandia, que alguna vez fue una base militar estadounidense, se convierte ahora en la primera línea de una mayor presencia militar europea, lo que está provocando niveles de estrés y ansiedad sin precedentes a los groenlandeses, en medio de la escalada de tensiones por la amenaza del Gobierno de Donald Trump de adquirir el territorio autónomo danés.
En las últimas semanas se ha producido una intensa actividad militar en Groenlandia. En respuesta a las reiteradas amenazas de la actual Administración estadounidense de tomar el control de la isla ártica, varios países europeos, también miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), han lanzado la "Operación Resistencia Ártica".
Así, el ejército danés en Groenlandia se ha visto reforzado por el despliegue de fuerzas europeas procedentes de Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, los Países Bajos y Finlandia. El pasado 23 de enero, Dinamarca estableció Kangerlussuaq como una zona militar temporal.
La ciudad que alguna vez fue base militar de EE.UU.
En 1941, Kangerlussuaq se convirtió en la sede de la base militar estadounidense Bluie West-8, posteriormente conocida como Base Aérea Sondrestrom por su terreno favorable y clima estable.
Sirvió como un importante centro de transporte aéreo y estación de reabastecimiento durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y cerró oficialmente en 1992.
Su importancia estratégica sigue vigente hoy día, ya que Kangerlussuaq conecta las ciudades del sur de Groenlandia con el Ártico profundo y vincula a la propia Groenlandia con la arquitectura de defensa más amplia de la OTAN.
El entrenamiento, los ejercicios, la logística y las operaciones de apoyo han vuelto a colocar a esta pequeña ciudad en el tablero estratégico.
Para los habitantes de Kangerlussuaq, el regreso de la presencia militar trae consigo un eco doloroso. Muchos aquí recuerdan la época de la Guerra Fría, cuando Groenlandia era considerada un activo estratégico en lugar de una patria.
Hoy, la llegada de tropas extranjeras a su territorio, aunque sea bajo la bandera de la solidaridad aliada, hace que la ansiedad se palpe.
"Sí, he visto algunos buques militares y también algunos aviones militares daneses. Y, repito, sería realmente indignante si eso sucediera. Su retórica, su forma de hablar, genera incertidumbre en el pueblo groenlandés. Algunos incluso sienten un poco de miedo y no quieren participar. El derecho internacional, por supuesto, está en todas partes. No se debería invadir otro país solo porque se desee", declaró Jan Ingvar, residente de Kangerlussuaq.
"Simplemente no tiene sentido salir a los medios y asustar a toda la población de un país cuando, de hecho, se dice que una fuerza militar podría ser una opción. Es difícil encontrar palabras para describirlo porque resulta extraño", reconoció.
"Y, por supuesto, se puede ver toda esta alianza de la OTAN, Francia y Alemania, y todos están viniendo aquí ahora para demostrar su fuerza. Sí, no estoy tan preocupado, pero entiendo que la gente de Groenlandia sí lo esté. Y, por supuesto, no es agradable que un presidente del Estado más poderoso del mundo tenga una retórica tan conquistadora. He visto algunas protestas. Sí, hay muchas. Esto une a la gente ahora", manifestó Tice, residente de Nuuk.
"Intentamos decirles (a Estados Unidos) que estamos abiertos a colaborar en materia de seguridad. Pero tenemos una línea roja. No se apropien de nuestro país. Respeten nuestra soberanía. Realmente esperamos no ver esto, lo mismo que le hicieron a Venezuela. Si Trump nos toma por la fuerza, todas nuestras esperanzas y sueños se verían destrozados. Por eso me preocupa mi futuro y el de mis hijos", declaró Pipaluk Lynge, presidenta del Comité de Política Exterior y de Seguridad del Parlamento de Groenlandia.