El insólito y revelador caso del gallo acusado de cantar demasiado temprano

Un gallo enfrenta a una mujer con una pareja vecina, inquieta por el tempranero canto del animal. El caso, más allá de resultar curioso, revela las diferencias al interior de Francia.

Corinne Fesseau posa su gallo Maurice, en el centro de la disputa con sus vecinos. | Fuente: AFP

El caso de un gallo acusado de cantar demasiado temprano ha sido llevado a juicio en Francia. La audiencia, que originalmente iba a ser la semana pasada, se aplazó hasta el próximo 4 de julio por decisión del juez, prórroga que podría permitir una conciliación entre las partes. El caso, más allá de ser curioso, evidencia las nuevas disputas en la Francia rural y su división con la Francia urbana.

La vista prevista en el tribunal de la localidad de Rochefort fue postergada por una cuestión legal. El gallo Maurice, "cansado", no acudió a la corte este jueves, como tampoco la pareja de jubilados que interpuso la demanda. El animal vive en la isla de Oleron, en el suroeste francés, donde sus cacareos desde el amanecer irritan a los propietarios de una residencia vecina.

Un gallo enjuiciado

La propietaria del gallo, Corine Fesseau, dijo que estaba dispuesta a un "diálogo, siempre que no me agredan". La mujer acusa a los demandantes, a los que no conoce, de haber "cerrado la puerta a todo" antes del juicio. Su abogado, Julien Papineau, aseguró antes de la vista del pasado jueves que "no fue posible ninguna conciliación".

El defensor de los demandantes, Vincent Huberdeau, afirmó por su parte que sus "clientes escribieron al alcalde de Saint Pierre de Oleron, Christophe Sueur, para encontrar un arreglo amistoso. Buscaron una conciliación. Piden paz y tranquilidad [...] Sólo quieren que encierren al gallo durante la noche. Es una urbanización, no estamos en medio del campo", agregó.

El origen del caso

La disputa opone a Corinne Fesseau, propietaria del animal y residente en Saint Pierre de Oleron desde hace 35 años, con los demandantes, que viven en un entorno urbano y sólo se instalan en su residencia secundaria durante las vacaciones. "Vienen dos veces al año a la isla", dijo Fesseau a la cadena de televisión France 3. "Hoy denuncian el cacareo, y mañana ¿qué será? ¿Las gaviotas? ¿El ruido del viento? ¿Nuestros acentos?", se indignó el alcalde de Oleron.

El gallo Maurice | Fuente: AFP

El caso, aunque anecdótico, ilustra a la vez los temores de que desaparezca el mundo rural en Francia, debido al declive de la actividad agrícola y ganadera y al éxodo de los jóvenes hacia la ciudad. La creciente brecha entre las zonas rurales y urbanas quedó reflejada con el movimiento de protestas populares de los "chalecos amarillos", que estallaron a fines de 2018.

Denuncia contra las ranas

El caso llevó al alcalde de la localidad de Gajac, en el suroeste de Francia, a publicar una enardecida carta para defender el "derecho" de las campanas de las iglesias a repicar, de las vacas a mugir y de los burros a rebuznar. La alusión a las campanas se debe a una disputa acontecida en 2018 en un pueblo de la región de Doubs (este), donde los propietarios de una residencia secundaria se quejaron de que éstas repicaban a las 07H00, demasiado temprano a su entender.

"Cuando se critica a las campanas, se ataca a todo el pueblo", dijo a la AFP el alcalde de Gajac, Bruno Dionis du Séjour, un granjero jubilado. "Es humillante para una persona del mundo rural ser demandada por alguien que viene de fuera", añadió. "Cuando voy a la ciudad, no les pido que retiren los semáforos y los autos", prosiguió. Su carta compara a los recién llegados a las aldeas que se quejan de los ruidos y los olores con "los ignorantes que descubren que los huevos no crecen en los árboles".

Dionis du Séjour también hizo referencia a un caso en la región del Perigord, donde una pareja tuvo que tapar un estanque después de una demanda contra el ruidoso croar de las ranas. El alcalde pidió al gobierno que clasifique los sonidos del mundo rural como parte del patrimonio del país.   

Su demanda recibió el apoyo del diputado conservador Pierre Morel-a-L'Huissier, que representa parte de la región de Lozère (noreste). "La vida rural se desarrolla 365 días al año. La gente vive allí y trata de ganarse la vida", dijo a la agencia AFP. "Lo que es inaceptable es que quienes no son de aquí traten de imponer sus costumbres a expensas de la vida rural", insistió. AFP

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