Miro las manecillas del reloj y son casi las diez de la noche, el humo del incienso, el coro de los fieles y los acordes de una estruendosa banda me recuerdan que el día va agotando sus fuerzas.

Puedo  divisar a lo lejos un puesto de venta de bebidas. Una muchacha pregona  la extensa gama de marcas y sabores que hacen más lapidaria mi espera; sus anuncios se mezclan entre los gritos de los pregoneros y los ambulantes.

Enseño mi fotocheck a los curiosos, y los amables con reverencia abren el paso. Después de haber navegado en medio de un mar inmenso de gente, logro por fin llegar a un puesto de ventas.

Son casi las diez y cinco de la noche, y recuerdo que estoy frente a la procesión más multitudinaria que han podido ver mis ojos. Una tenue voz sale de mis labios, y el pedido de una gaseosa tradicional calma la sed de desiertos inmensos.

Miro la muchedumbre y le doy la razón mil veces, no solo por el gesto de la multitud, sino por la forma en que entonan sus cánticos y el paso bamboleante que realizan, con un rosario entre sus dedos y una vela encendida.

Los lapidarios pasos del minutero agotan la noche que para este trance ya tiene luces de colores y cohetes en el cielo. Lo miro y reflejo todo lo que vivido hoy…

Debo reconocer, que todo en este pueblo empieza muy temprano; y hoy 4 de agosto la gente, venida de otros sitios, se levantó en parques, bancas y formando largas colas para poder adorar a la Cruz de Motupe.

Al primer ciudadano que encontré sobre un petate, y con una frazada cálida, le dije si esto era necesario. Él me miró atento y me respondió que por la ‘milagrosita cruz’ sería capaz de cualquier sacrificio.

Son las 7 y los puestos de venta de diversa mercadería empiezan a formarse, todos se alistan, pues la Cruz del Chalpón hoy saldrá por primera vez en procesión, vestida como las mejores damas, elegante e imponente sobre su anda.

La fila para adorar en la capilla a las siete imágenes que llegaron, junto a sus peregrinos para acompañar el recorrido procesional, es extensa. Son las 8 y he comprendido que por primera vez ocho festividades distintas se juntan en un pueblo. Son las 8:30 a.m. y la gente continúa formando filas, compran velas, adorando a las imágenes y preguntando a los mototaxistas el precio para llegar hasta el centro poblado de Salitral. Imagino que la curiosidad es mía también, porque hacia allá me dirijo.

La cruz durmió aquí, y los fieles no se cansaron de adorarla toda la noche. Calculo que son las 9 y a los lejos, un cobrador anuncia que el costo del pasaje ha subido, un pasajero molesto le reclama, pero, la multitud hace que su voz se desvanezca. La hermandad empieza a preparar la misa que será oficiada por el párroco Germán Mesta a las once de la mañana

Mientras llega esa hora, los fieles tocan el madero que descansa sobre una superficie de madera al interior del templo Cruz de Chalpón de Salitral.

Son las once, el párroco ha llegado y la multitud ha abarrotado la iglesia. Con una sonrisa alegre, el sacerdote saluda a los fieles y empieza la ceremonia religiosa.

Distraigo por un momento el zoom de mi cámara y diviso a lo lejos, buses de la zona andina y camiones donde llegan más fieles con sus familias. El padre ha terminado la liturgia de la palabra. En sus últimas frases recomienda no acariciar mucho el restaurado madero, y con cariño les recuerda que la cruz es ahora como un enfermo que necesita reposo y pocos maltratos.

Los de la cola me cuentan que se anunciará un reconocimiento a los tres restauradores este viernes en la misa del cardenal, saludo la idea y enfoco nuevamente al sacerdote.

Termina la misa, son las 12 y la multitud se empieza a retirar para calmar el hambre de mediodía.

El anuncio de megáfono anima los sentidos de los curiosos, que aceptan que deberán volver hasta las tres de la tarde, cuando empezará el recorrido hacia Motupe para el encuentro con las otras imágenes. Me convierto en un curioso y sigo las indicaciones.

Son las tres, la Cruz de Motupe sale cargada en hombros por miembros de la hermandad, como fondo musical los instrumentos entonan un cántico de marcha triunfal y empieza la larga procesión por el camino real, una extensa trocha carrozable que nos recibió con piedras y polvo.

Han pasado casi dos horas, dejamos atrás el castillo de fuegos artificiales y el arco de nubes que prepararon los devotos de las zonas aledañas.

Son las 5 y ahora nos confundimos en una inmensa muchedumbre para recibir junto a las otras imágenes la llegada triunfal de la cruz al pueblo motupano. Una de las tres bandas que llegaron, empieza su repertorio con las notas del Guayacán, la marinera más popular de este pueblo. Algunas lágrimas caen, rostros maduros se quiebran en mil gestos, la mirada de los más pequeños es incrédula y mi mirada sobre el visor aún más.

Son las 5 y 10 de la tarde, dos miembros de la hermandad visten a la cruz encima de su anda, preparada justo para la ocasión. Mantos bordados con hilos de oro, una corona del metal macizo, y otros adornos que maquillan y engalanan su imagen dejan casi lista al sagrado madero para empezar su paso.

Son las 5 y 32, las imágenes, cargadas en andas, se acercan a la cruz y le hacen una reverencia. Empieza el trote, las pistas se invaden de alfombras de flores y pétalos de rosas. Y uno a uno las siete imágenes desfilan delante de él para alegría de todos los fieles.

Todos desde sus balcones, arrojan escarcha y recortes de papel multicolor, la fiesta religiosa se ha instalado. El ocaso hace su lugar y la noche empieza a aparecer.

Son las 7 y 20 de la noche, los homenajes en este tiempo no han dejado de aparecer. Llegamos al templo y el paso de la cruz levanta de sus asientos a todos los que esperaban la misa triunfal en el exterior del parque. A las 8 la misa recogió la oración de miles de fieles que aprovecharon la ocasión para disfrutar de la serenata.

Son casi las 9 y 30 ha terminado la jornada, imagino que mañana viernes el día tendrá más color que hoy, pero recuerdo que hace un mes este pueblo era distinto.

Por: Henry Urpeque

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