Sobre los tapabocas, los artesanos, han trasladado elementos de su tradición y cosmovisión para lucirlos cara a cara, una original alternativa a los insulsos barbijos quirúrgicos de color azul o blanco que, con suerte, se pueden encontrar en las farmacias peruanas.

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Sadith Silvano cose sobre una mascarilla el kewé, el tradicional bordado shipibo-konibo, uno de los pueblos indígenas más numerosos de la Amazonía, inconfundible por su estilo geométrico que simboliza el río, la selva y la piel de "ronin", la serpiente cósmica de su mitología.

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Para cada mascarilla de kewé, también declarado patrimonio cultural nacional, Silvano emplea por lo menos tres días. Todas tienen un diseño único que bendice con ícaros, los repetitivos y agudos cantos de los nativos amazónicos. Esa dedicación tuvo su recompensa ni bien publicó su primer tapabocas shipibo.

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"Ya tengo diez clientes de Estados Unidos que me han pedido estas mascarillas, y también otros de Canadá y Francia", dice Sadith Silvano, que hace 20 años llegó a Lima para asentarse Cantagallo, donde actualmente viven unas 250 familias de shipibos sin servicios básicos como desagüe.

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"Era difícil encontrar mascarillas adecuadas. Entonces mi madre pensó en hacer unas de tela y a mí se me ocurrió pintarlas", dice Violeta Quispe, quien junto a su madre, Gaudencia Yupari, regentan un taller de "Tablas de Sarhua".

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Tanto en pintura como en bordado, madre e hija trasladaron a la tela los dibujos de esta expresión artística patrimonio cultural de Perú y originaria de Sarhua, un municipio de la región andina de Ayacucho, en el sur del país.

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Estas mujeres hacen su trabajo con serias limitaciones, pues por la cuarentena les es difícil conseguir materiales.

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.A pesar de las dificultades, ya tienen decenas de mascarillas con flores de vivos colores o con bordados similares a los de sus polleras, donde están representados elementos naturales como el sol, la luna, las montañas, los ríos y la flora.

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Cuando Violeta y Gaudencia publicaron sus dos primeras mascarillas no se esperaban la calurosa acogida. "Ha sido masiva, muy positiva", manifestó Quispe, que vio como con los tapabocas volvían los pedidos al taller.

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