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Los voluntarios son puestos a prueba constantemente. | Fuente: ESA

Permanecer echado en una cama por un día o dos es algo con lo que muchas personas sueñan. Sin preocupaciones ni necesidad de nada. Sin embargo, permanecerlo 60 días seguidos sin poder ir a ningún otro lado no es algo tan agradable y menos si te ponen en condiciones extremas como en el espacio.

Hace un año, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) iniciaron sus pruebas con voluntarios a los que les pagan 19 mil dólares por estar dos meses echados para poder estudiar el cambio físico de sus cuerpos en condiciones extremas.

Durante casi todo el día, los voluntarios deben estar en una cama con la cabeza inclinada a 6°. Además, deben comer, ducharse, descansar e ir al baño de esa forma: un hombro como mínimo tocando el colchón.

“El objetivo es probar definitivamente las medidas que reducen los efectos no deseados de vivir en ingravidez”, explica la coordinadora científica de investigación humana de la ESA, Angelique Van Ombergen.

Luego de las pruebas en Francia y Alemania, ahora los test se están realizando en Eslovenia. Los cuartos están adecuados para aumentar o disminuir los niveles de oxígeno y mantienen un espacio indicado para una máquina centrífuga que recrea la gravedad cero y a los que son sometidas las personas constantemente.

Por más interesante que suene, el riesgo es grande. “El placer desaparece muy rápidamente, especialmente cuando se extrae sangre y se involucran biopsias musculares", afirma Jennifer Ngo-Anh, líder del equipo de vuelo espacial humano de la ESA.

Con los resultados de las pruebas, ambas agencias espaciales pueden lograr mejorar las condiciones con las que se envía a los astronautas al espacio, más aún en una época en la que la llegada a la Luna y a Marte están programadas en un plazo corto.

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