Lo que deberíamos saber pronto sobre la COVID-19 en Perú

Si disponemos de la información necesaria y se actúa en función a ella, miles de muertes pueden ser evitadas. 

Centro Wiñaq

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El Perú enfrenta una segunda oleada de la COVID-19 con un sistema de salud con mejoras claramente por debajo de lo necesario respecto a la primera ola y con un suministro de vacunas reducido respecto a las necesidades que enfrentamos. Bajo estas condiciones de altas demandas, bajos recursos y reducida efectividad del Estado la racionalización en las actividades del Estado es mas necesaria que nunca y la información correcta es la que debe guiar este esfuerzo de racionalización.

En primer lugar, debemos entender la naturaleza de la actual segunda ola. Existen dos posibles causas, las cuales no son excluyentes entre sí. La primera consistiría en el paulatino retroceso en la inmunidad ganada por aquellos recuperados de una infección de COVID-19. Las personas con inmunidad activa funcionaban como barreras que interrumpían las cadenas de contagio del virus. De caer la inmunidad ganada estaría incrementándose el numero de susceptibles y esto facilitaría la propagación del virus. No es necesario que la inmunidad se haya debilitado en todos los recuperados para que se dé en una segunda ola, basta con que se dé en un nivel suficiente para permitir que se extiendan nuevas cadenas de infección.

Una manera de evaluar si ha sido o no esta la causa es realizando un análisis estadístico de la data del SINADEF. De tratarse de la caducidad de la inmunidad veríamos que aquellas regiones que tuvieron antes su primera ola tenderían a ser aquellas en las cuales se inició más rápido la segunda ola, también veríamos que aquellos que tuvieran la primera ola más explosiva tenderían a que su segunda ola también lo fueran. Esto seria así por que importantes bloques de su población tendrían su inmunidad caducada y entrarían rápidamente al grupo de los susceptibles. Por el contrario, aquellas zonas donde la COVID-19 se extendió más lento los “nuevos susceptibles” también crecerían más lento y con ello esperaríamos una segunda ola menos agresiva. Este análisis, para ser bien realizado, requeriría de aplicar modelos estadísticos que incluyeran efectos tales como el grado de movilidad de la población, expansión de los servicios medios, etc.  Sin embargo, toda esta información está disponible y el conocimiento técnico para poder realizarlo esa plenamente al alcance del Estado peruano.

Otra manera de evaluar la importancia de la reinfección consistiría en una evaluación a gran escala aparte de las casi dos millones de personas diagnosticadas previamente como infectados por  COVID-19 en el Perú. Podríamos así evaluar lo prevalente de la reinfección y compararlos con los niveles de reinfección de la población en general.

La otra posible causa es la expansión de nuevas variedades de la enfermedad, las cuales fueran más contagiosas que las variedades previamente vigentes en el país. Para entender el rol de las nuevas variantes hay que entender que la “inmunidad de rebaño” no es un umbral homogéneo al que una vez que se llega, la enfermedad disminuye de manera indefectible. El porcentaje de inmunes (ya sea por infección previa o vacunación) necesario para la “inmunidad de rebaño” depende del grado de exposición de la población y de lo contagioso de la enfermedad. Se podría dar el caso que se llega a la inmunidad de rebaño en caso toda la población use mascarillas, pero que, de dejarse de usarse, la enfermedad vuelva a propagarse de manera explosiva. De la misma manera en el caso de una variedad más contagiosa, la misma se propagará rápidamente, dado un determinado nivel de exposición de la población, hasta que se vaya acercando al nuevo nivel de inmunidad de rebaño especifico a esa variedad. Es necesario para conocer si se trata de nuevas variedades la realización de test específicos a un amplio número de personas.

Hay múltiples criterios -ya identificados por la ciencia médica- de factores asociados a una mayor letalidad a causa de la COVID-19. | Fuente: Andina

Esta información es sumamente necesaria puesto que genera dos escenarios principales. En caso la caducidad de la inmunidad fuera un fenómeno masivo podríamos esperar una segunda ola con un impacto semejante a la de la primera ola e inclusive con un patrón de difusión semejante. En caso la principal causa fuera de las nuevas variedades, esperaríamos una segunda ola muy fuerte, pero más breve a lo largo del tiempo que la primera ola. También veríamos que la segunda ola será más fuerte en aquellos lugares en los cuales la primera ola impacto con mayor intensidad.

Saber si la naturaleza de la segunda ola es relevante para planificar la compra de plantas oxígeno, contratar intensivistas, decidir dónde expandir la oferta hospitalaria, etc. Dadas las limitaciones en la gestión del Estado, una correcta estimación de las demandas sanitarias futuras es sumamente relevante.

El Perú cuenta con un suministro de vacunas limitado, por ello la priorización de la vacunación es sumamente importe. Una correcta priorización del proceso de vacunación puede salvar miles de vidas.

Mediante la información del SINADEF y los estudios de seroprevalencia se puede estimar que la letalidad de la COVID-19 es de alrededor del 1%. Sin embargo, esta letalidad no es la misma entre las diversas categorías de personas, siendo más letal entre las personas mayores, con diabetes, hipertensión u obesidad. Recordemos que un informe de agosto del 2020 del MINSA mencionaba que el 85% de los fallecidos por COVID-19 identificados padecía de obesidad.

En promedio por cada 100 mil personas expuestas a la COVID-19 vacunadas en Perú, se salvarán 1000 vidas. Sin embargo, si se vacuna a un grupo humano con una letalidad de 5% el numero de vidas salvadas sería de 5000 y en caso fuera de 10% se salvarían 10000 vidas. No es lo mismo vacunar a un tipo de personas que a otro. Si el objetivo es maximizar el número de vidas salvadas durante el proceso de vacunación, deberíamos priorizar las vacunas en función a los niveles de letalidad esperados. Estar vacunando a un grupo menos vulnerable mientras uno más vulnerable espera implica elevar el número de fallecidos.

Hay múltiples criterios -ya identificados por la ciencia médica- de factores asociados a una mayor letalidad a causa de la COVID-19. En vez de criterios generales como la edad u oficio se podría generar un “puntaje” a cada peruano en función al nivel de vulnerabilidad frente al virus. Criterios como edad, grado de exposición, historial médico, índice de masa corporal, entre otros, tendrían que entrar en este análisis. El priorizar de esta manera el proceso de vacunación podría salvar miles de vidas.

Pero para poder implementar un mecanismo tan granular de priorizar la vacunación, requerimos que el Estado disponga y procese la información que se tiene en diversas instituciones públicas y privadas. Este es un esfuerzo en el que podría desde ya incurrir.

Si disponemos de la información necesaria y se actúa en función a ella, miles de muertes pueden ser evitadas.  Esperemos que el Estado Peruano no decepcione a sus ciudadanos permitiendo fallecimientos evitables.

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