Las avecitas del zoom

Salgamos de las preocupaciones de la pandemia y la política por un momento y pongámosle atención a ese mundo sonoro natural de las ciudades, …y a las avecitas del zoom.

La afición por observar aves es tan parte de la vida de los “pajareros”, que hasta es inconsciente.  Yo, sin darme cuenta, estoy escuchando y viendo a nuestros conciudadanos emplumados, esté donde esté, incluso frente a la computadora.  Y ahora en estos días que paso más tiempo en el zoom que afuera, interrumpo frecuentemente las conversaciones, preguntando sobre las aves que se escuchan, o pidiendo silencio para escucharlas. “¿La oíste?” Parecería que más me interesan ellas que las mismas conversaciones, porque siempre me preguntan “¿me estás escuchando?” Incluso hasta puedo predecir en qué ciudad o barrio se encuentran los participantes de las llamadas zoom

Es curioso que cuando las llamadas son de Lima, y de algunos barrios en particular, el más fuerte y dominante es el del conocido “chivillo”, un tipo de tordo, negro brillante, de mediano tamaño, que se deja notar por su llamado tan agudo y musical.  Ellos son bastante comunes en los jardines, pero en particular en distritos como Miraflores y San Isidro. Al final del día, a veces se concentran en grupos grandes y en un solo árbol, quizá contándose los unos a los otros de cómo les fue, a manera de un “happy hour.”   Dependiendo de la hora, también se escuchan a las cuculíes, esas palomas nativas que deberían estar, junto a los gallinazos, en el escudo de la ciudad de Lima.  No hay otra capital en el continente en que ésta pueda ser la mejor representante.  Ellas dominan las primeras horas de la mañana con una dulce melodía que parece repetir su nombre, cuucuulíí.  Sus parpados de color azul brillante parecen como si se los hubieran pintado, listas para una fiesta.

Cuando las llamadas son con colegas en la región andina, el canto que domina en el fondo es el del llamado “gorrión peruano”, o como se le conoce localmente, la “pichisanka”.  Este pajarito tiene un rostro tan simpático y con una cresta que te hace sonreír -como si vieras a un amigo. Siempre anda merodeando en espacios abiertos de las ciudades, ya sea en los parques o jardines, muy activos buscando semillas, y los machos, como buenos románticos andinos, se la pasan cantando todo el día, seguramente para mantener a sus parejas atentas. Su melodía es tan característica de la sierra como lo es el huayno.  La “paloma madrugadora”, es otra que domina el espacio sonoro, también temprano en las mañanas (de ahí el nombre), o al atardecer, las horas más activas para casi todas las aves. Ella tiene un canto que -para algunos, suena algo triste y hasta melancólico.  Para mí, es más bien melódico, dulce y reminiscente. Tiene esa profundidad que te llega hasta el alma.  La pichisanka, la madrugadora y otra ave llamada “chiguanco” (tipo de tordo) dominan el ambiente acústico de ciudades como Cusco y Huancayo.

 

A pesar del ruido urbano, las aves no dejan de cantar, y pocos se dan cuenta de ello. Empezando de arriba a la izquierda en sentido horario: Cuculí, Chivillo, Paloma madrugadora, y Pichisanka | Fuente: @miguelmoranphoto y Facebook miguelmoran-photo

Pero cuando las llamadas son de la región amazónica, las variedades de cantos son tan grandes como su biodiversidad.  En general, domina un canto tan agudo que casi te atraviesa los tímpanos, a manera de una nota de violín, por lo que los locales llaman a su autor, el “violinista”. Este pajarito color celeste opaco y de tamaño mediano, es tan típico para la Amazonía como lo es el juane.   Están activos en todos lados y a toda hora, “picando” las frutas en los patios de las ciudades.  No son aves territoriales por lo que asumo, sus cantos más bien sirven para mantener sus relaciones de pareja o de grupo.  Además de ellos, es bastante frecuente escuchar unas aves que les dicen “Víctor Díaz”, porque su canto es -literalmente, ese nombre. De color amarillo brillante y espalda marrón, ellas son del grupo de los atrapamoscas, que frecuentemente se ven posando en ramas expuestas o postes, esperando que pase un insecto para cazarlo al vuelo.  Víctor Díaz es muy popular en ciudades como Iquitos o Pucallpa. Finalmente, están los infaltables pihuichos, esos periquitos tan comunes como ruidosos, que no son tan buenos cantantes como lo son de bellos.   En general, mientras el ave es más colorida y bonita, es la peor cantante, y viceversa. Una forma de compensación, quizá.  Cualquier parecido con los humanos no es coincidencia.

Ahora que estamos volviendo a los niveles de contaminación sonora acostumbrados, salgamos del zoom y volvamos los ojos y oídos a ese mundo urbano que pocos ven. Ojalá hubiera una “hora del planeta” -de día y todos los días, donde el silencio reine para que nos deje apreciar esa música natural que toda ciudad saludable debe tener.  Mientras tanto, a los pajareros solo nos queda levantarnos temprano. 

Nuestras ciudades albergan muchas especies de aves de muchos colores y bellos cantos. Solo hay que poner atención a nuestro entorno natural. Empezando de arriba a la izquierda en sentido horario: Victor Diaz (Foto: Fernando Angulo), Pihuicho, Violinista (Fotos: Miguel Moran), y Chiguanco (Foto: Fernando Angulo). | Fuente:

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