Tipos de delincuentes (Parte II): Los persistentes

El Negro Canebo fue una especie de Gringacho de los 90. Apenas con 15 años, Canebo registró su primer muerto, un policía. En el 2005, fue liberado por una condena distinta, robo agravado. Pero menos de tres semanas después, ya con 37 años, nuevamente fue detenido por robo. No es casualidad, Canebo representa un segundo tipo de delincuentes hallado en decenas de estudios internacionales: delincuentes persistentes. En estas líneas los describimos.

En mi columna anterior, describí a aquellos delincuentes que al no acumular riesgos muy complejos en su vida y contexto, mayormente delinquen únicamente durante su adolescencia. Sin embargo, hay otros que hacen de la delincuencia toda una vida. La literatura los ha denominado delincuentes persistentes (life-course persistent offenders) y le debemos este descubrimiento y estas líneas a Terrie Moffitt*.

El año pasado, Moffitt publicó un artículo* que evaluó más de 20 años de estudios luego de su paradigmática investigación de 1993 sobre delincuentes persistentes y delincuentes esporádicos limitados a la adolescencia.

Mientras que los delincuentes esporádicos, cometen delitos esencialmente durante su adolescencia, los delincuentes persistentes continúan en carrera durante su adultez aunque con una menor intensidad. | Fuente: Andina

Tres características permiten identificarlos con rapidez: inicio, frecuencia y término de su vida delictiva. Los delincuentes persistentes inician tempranamente su vida en el delito. En su adolescencia temprana ya han cometido robos o hurtos. Algunos más avezados han tenido acceso a armas, e incluso las han empleado letalmente. Sucede también que a lo largo de su vida, cometerán una mayor frecuencia de delitos. Y así como inician temprano, acaban tarde su vida delictiva.

Su infancia ha sido difícil. Presentan una falta de acercamiento maternal, así como una crianza muy autoritaria y marcadas carencias socioeconómicas en el hogar. El consumo de alcohol y drogas también ha estado presente.

Por lo general, en el colegio no les fue bien. Suelen presentar tasas importantes de deserción escolar. Pero no es que les disguste el colegio por naturaleza. Se ha demostrado que tienen menos habilidades verbales y poco autocontrol. Estas dos debilidades dificultan mucho su rendimiento escolar y aumentan la posibilidad que dejen el colegio durante su adolescencia. Trabajos recientes han señalado que esta menor habilidad verbal y poco autocontrol tienen un componente genético que han heredado de sus padres.

La influencia de lo genético no acaba ahí. Suelen presentar rasgos de trastorno antisocial, lo cual se relaciona con cuán peligrosos pueden llegar a ser. En breve, esto significa que sienten indiferencia hacia terceros, lo que los hace poco capaces de entender los sentimientos y derechos de los demás. Esto se combina con su dificultad para entender y distinguir lo bueno de lo malo. Esta afectación mental puede ser explosiva y conducir a niveles de violencia muy altos.

Mientras que los delincuentes esporádicos cometen delitos esencialmente durante su adolescencia, los delincuentes persistentes continúan en carrera durante su adultez aunque con una menor intensidad.

Hacia sus 50 años, los delincuentes persistentes han logrado muy poco en su vida. Aunque muchos no acaban en prisión o ya pasaron por ella, su vida cargada de riesgos ha influido en su salud y bienestar: enfermedades, hospitalizaciones, enfermedades que los alejan de la capacidad de trabajo. Incluso, suelen morir antes que la población general. En otras palabras, su pasado los sigue condenando. Su historia cargada de factores de riesgo dificulta su comportamiento no violento en casa, en el hogar y en otros espacios.

Muchos de los delincuentes persistentes pueden dejar de delinquir. Hay tratamientos psicológicos efectivos. Pero también hay hitos en su vida que los transforman. Principalmente son el matrimonio, el nacimiento de un hijo o hija, o la obtención de un trabajo estable. Medios de este tipo son su reenganche con la vida.

Lo positivo es que los delincuentes persistentes han sido tan estudiados que es posible identificarlos rápidamente. Antes que identificarlos en los Centros Juveniles cuando ya cometieron un delito, es posible hacerlo en las propias escuelas o, en el peor de los casos, durante su primer contacto con el sistema de justicia.

Identificar y tratar a los delincuentes persistentes es difícil y costoso. Mandarlos a la cárcel parece más fácil, pero implica soltarlos en un botadero del que muy pocos salen mejor de cómo entraron.

 

* Moffitt, Terrie (2018). Male antisocial behaviour in adolescence and beyond. Nature Human Behaviour, 2, 177–186. Disponible en: https://go.nature.com/30iCDp6

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

¿Qué opinas?