A paso firme, Martín Vizcarra encaró una economía que se empezaba a recuperar, luego de desacelerarse en el primer año de gobierno de PPK. | Fuente: Presidencia Perú

Si Martín Vizcarra fuese el gerente de una empresa, el pasivo más grande heredado de su predecesor, Pedro Pablo Kuczynski, sería la Reconstrucción con cambios.

Y él lo supo desde el inicio.

“Estamos pisando el acelerador para que nuestros hermanos afectados por este fenómeno natural [el niño costero] tengan una vida digna y segura en el más breve plazo”, comentó frente a todo el país al momento de asumir su mandato, un día después de cumplir cincuenta y cinco años.

El compromiso fue reafirmado por sus ministros de Economía, Vivienda, Agricultura y Transportes y Comunicaciones, pero 365 días después poco se ha avanzado.

“No es un error, pero algo que sí pudo haber hecho mejor en este año ha sido la reconstrucción”, comenta Carlos Parodi, economista y profesor de la Universidad del Pacífico.

Parodi explica que este proceso no necesariamente depende del presidente Martín Alberto, sino de la Autoridad para Reconstrucción con Cambios, pero que desde el Ejecutivo algo de presión se pudo hacer para acelerar la gestión.

“El presidente debería haber aprovechado esa alta popularidad que ha tenido desde el inicio de su gobierno para impulsar la reconstrucción”, agrega el economista.

Esa aprobación, con los meses, se ha ido reduciendo. Actualmente, según Ipsos, el 56% de peruanos aprueba su gestión y aunque el porcentaje es alto, en los primeros tres meses del 2019 se ha empezado a reducir la simpatía.

A más de dos años, el avance de la ejecución de las obras de la reconstrucciñon aún es bajo. | Fuente: Presidencia del Perú

 Lo sólido de su gobierno

Fuera de la reconstrucción, la economía peruana sigue creciendo sólidamente, aunque ya está tocando su techo.

“Este concepto de piloto automático, donde se tiene un Banco Central de Reserva (BCR) y un Ministerio de Economía (MEF) autónomos no me parece del todo malo. Los fundamentos económicos se han mantenido firmes, porque el gobierno no ha hecho cambios radicales, como anteriormente se hacía”, comenta Diego Macera, gerente del Instituto Peruano de Economía (IPE).

Macera comenta que con ese “piloto automático” el país pudo crecer tranquilamente el 2018 a un ritmo de tres por ciento.

“El resto ha crecido por un mejor desempeño de la pesca, la agricultura y una mejora de la inversión privada”, agrega.

“Para mí no es suficiente crecer en piloto automático porque esa mayor riqueza no se traslada a dar bienestar a la ciudadanía”, opina Carlos Parodi. “El siguiente paso de Vizcarra debería ser empezar a plantear reformas para mejorar ese desempeño”, agrega.

A fines de enero, el presidente presentó el PNCP, los lineamientos para generar que la economía peruana crezca por encima del 5% en el mediano plazo. | Fuente: MEF

Las reformas

Durante la Conferencia Anual de Ejecutivos 2018 (CADE) el ex presidente del Consejo de Ministros y en ese momento presidente del Consejo Privado de Competitividad, Fernando Zavala, presentaba un plan que permita mejorar el desempeño de la economía peruana, con énfasis en una reforma laboral y desarrollo de las mypes.

Ante un auditorio lleno de empresarios Vizcarra compró la idea.

También empezó a dar pincelazos de lo que hoy es la Política Nacional de Competitividad y Productividad, que incluyó cambios a la propuesta del sector privado, pero en la misma línea: mejorar la competitividad del país, ya que actualmente el Perú está en el puesto 63 de competitividad en el mundo.

El punto que más ronchas sacó en la opinión pública, al hacerse público esta politica, fue la flexibilización del mercado laboral, que probablemente le costó el puesto al entonces ministro de Trabajo, Christian Sánchez.

Su reemplazante, Sylvia Cáceres y el propio ministro de Economía, Carlos Oliva, se cansaron de anunciar que este flexibilización no significaba recorte de derechos laborales, como muchos profesaron, sino una apuesta por formalizar el empleo.

“Lo que buscamos es capacitar a la mano de obra del sector informal para aumentar sus oportunidades en el sector formal. Ser parte de la formalidad implica también tener capacitaciones”, comentó Oliva durante la presentación, en enero, de la Política Nacional de Competitividad y Productividad.

En junio de este año, la política se tiene que convertir en un plan de nueve puntos importantes.

Para Diego Macera, en junio tendremos un plan, pero eso no significa que la competitividad de la economía vaya a empezar a mejorar de pronto.

“Recordemos que también se ha hablado del Plan Nacional de Infraestructura, incluso desde que en el MEF estaba el ministro Thorne, y hasta ahora no tenemos uno claro”, comentó.

Carlos Parodi no lo desea, pero también teme que este plan se retrase en ser realidad.

“El plan puede ser el inicio de un ciclo de reformas. Pero insisto, si este crecimiento económico del Perú no se impulsa con reformas, no se va a lograr dar bienestar a las personas en el mediano plazo”, dice.

Carlos Oliva, el cerbero del Ejecutivo

Para Diego Macera, para Carlos Parodi, para el consenso del mercado, para empresarios en Londres y Madrid, para empresarios de la Confiep y para el propio presidente del BCR, Julio Velarde, Carlos Oliva juega un rol fundamental para el gobierno de Vizcarra.

Sobre todo en la relación del Ejecutivo - Legislativo, al momento de aprobar leyes.

El MEF ha sido la defensa de la caja fiscal y tiene que ser la defensa de la caja fiscal en momentos en los que un deslucido Congreso podría empezar a sacar leyes populistas para mejorar su aceptación. Es necesario que ahí esté MEF”, comenta Carlos Parodi.

Iniciativas como la reposición del Régimen Especial de Jubilación Anticipada, la homologación de pensiones militares, el ajuste del cálculo de CTS para ciertos trabajadores de Essalud, la formalización de los contratos CAS fueron observados por el Ejecutivo bajo la gestión de Oliva en el jirón Junín 319, en el centro de Lima.

“Yo creo que el MEF no debería estar tan detrás de las normas del Congreso. Sería mejor que participe de parte de la formulación de proyectos, en comisiones y no al momento de que ya son leyes”, considera Macera, del IPE.

Lo cierto es que Oliva tiene un plan claro: mejorar la recaudación fiscal y sincerar en qué se puede gastar y en qué no. Mejorar la competitividad de la economía peruana hacia el 2022, para crecer no 4%, como ahora, sino 5%.

“Necesitamos que nuestro crecimiento potencial se ubique en 5% o por encima, para que la riqueza empiece a traducirse en bienestar, que debería ser el objetivo principal de cualquier economía”, comentó Oliva recientemente en la gira de inversiones InPerú en Londres y Madrid.

 

Ministro de Economía se presentó recientemente en Madrid presentando las cifras peruanas. | Fuente: inPerú

El bolsillo de todos

Lo cierto es que aunque a nivel macro la economía vaya bien, mientras no llegue al bolsillo de la gente, los peruanos todavía serán incrédulos de comprar la promesa del bienestar para todos.

Por eso, el primer examen fuerte del gobierno podría venir el próximo abril cuando se publique el informe de incidencia de pobreza. Del 2017 al 2018, aumentó en un punto y hacia el 2021 el gobierno espera reducirla hasta el 18%.

Para Carlos Parodi, para que ese desarrollo económico se traslade al bolsillo de las personas se necesita mejorar las cifras de empleo.

En esa misma discusión, Diego Macera considera que es por ahí por donde va el plan del gobierno: atacar la informalidad laboral.

“Se está hablando recientemente en una reforma del sistema de pensiones que dentro podría tener la creación de una ONP Pública, como dice la SBS. Pero eso solo tiene que ser un punto, porque aportan a un fondo de pensiones dos de cada diez personas. Si no ampliamos esa formalidad, seguiremos haciendo reformas para las minorías”, comenta.

Por primera vez en las últimas dos décadas la pobreza creció en el 2018. | Fuente: Andina

Los retos

Tanto Macera como Parodi coinciden que el impulso de la inversión privada y pública es un reto para el país.

Macera considera que si bien se han dado anuncios como el desarrollo de proyectos como Quellaveco o Michiquillay, aún se arrastran lastres de poca aceptación de comunidades a grandes proyectos, como Tía María o Las Bambas.

Para Parodi, la segunda mitad del año será buena en torno a la inversión pública, que, como se esperaba, se ha caído fuertemente en los dos primeros meses del año.

Esa inversión pública no depende tampoco de Vizcarra, pero algo se puede hacer con coordinaciones con gobiernos locales y regionales, sobre todo porque hay una curva de aprendizaje especial ya que todos son nuevos este año”, menciona.

Los 56 años a Martín Vizcarra le llegan con una economía sólida en los fundamentos, pero que todavía tiene mucho que empujar para trasladar el bienestar a los ciudadanos, que podría materializarse a través de la gran aceptación que aún mantiene el presidente.

Esperemos que no se le pase el tren.

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