El gran problema de los cristianos es nuestra separación entre fe y vida

´Que ni los buenos somos siempre tan buenos como pensamos, ni los malos son tan malos como nos imaginamos. Nuestra verdad está en lo que somos delante de los ojos de Dios´; señala el sacerdote.
Lima
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Evangelio de San Mateo 21, 28-32: 

 

 “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: "Hijo, vete hoy a trabajar en la viña." 

Y él respondió: "No quiero", pero después se arrepintió y fue. 

Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: "Voy, Señor", y no fue. 

¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” 

- “El primero” - le dicen. 

- Díceles Jesús: “En verdad os digo que los publicanos las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. 

Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, viendo todo esto, no os arrepentisteis ni creísteis en él.

 

 

Reflexión del P. Clemente: Queridos amigos, Jesús hoy hace puntería. Porque ¿alguien puede salirse ileso de este Evangelio? ¿Alguien puede leerlo atentamente y no sentir que sus palabras dejan heridas en nuestros corazones?

 

En primer lugar: ¿A cuál de estos dos hijos pertenecemos? ¿Al que dice sí pero es no? ¿Al que dice no pero es sí? Creo que somos demasiados los que pensamos que a Dios lo ganamos y lo convencemos con nuestras palabras. Y con palabras nadie queda bien delante de Dios. Porque Dios no cree a las palabras sino a la vida. A Dios no es fácil meterle gato por liebre.

 

No podemos ser cristianos de un día a la semana. Cristianos de cuarenta y cinco minutos de misa y luego que viva la vida. Sino cristianos de las veinticuatro horas del día y de todos los días de la semana. No podemos ser cristianos que hoy le decimos que sí a Dios, y mañana le decimos no. El gran problema de nosotros los creyentes es nuestra separación entre Iglesia y mundo, Domingo y semana, fe y vida. No se puede ser cristianos de luz intermitente ni semáforo que constantemente está cambiado de luz.

 

En segundo lugar, tenemos que tener en cuenta la observación que nos hace Jesús. Que ni los buenos somos siempre tan buenos como pensamos, ni los malos son tan malos como nos imaginamos. Es posible que muchos que nosotros miramos como malos, sean mejores que nosotros ante los ojos de Dios.

Y hasta es posible que nosotros calificamos de “mala vida” estén más abiertos que nosotros al Evangelio y al Reino de Dios. Es que, una es la manera que tiene Dios de vernos, y otra la manera de cómo nos vemos nosotros. Nuestra verdad está en lo que somos delante de los ojos de Dios. Por eso, tampoco debemos desalentarnos. Es posible que nos consideremos malos, porque hicimos o dejamos de hacer esto o lo otro. Pero, ante Dios que conoce la verdad de nuestro corazón, seamos sus hijos queridos.