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Tendríamos que decir que aún antes de la experiencia del amor está la posibilidad de confiar, de tener fe en otro ser humano para seguir existiendo. De recién nacidos esta es la experiencia que nos permite agarrarnos a la vida y crecer.

Es verdad que la confianza tiene sus límites y estos surgen con los golpes naturales de la vida, las frustraciones con las personas y las decepciones que tenemos. Pero en las personas saludables la promesa y la realidad de la confianza siempre está presente.

La desconfianza como una constante surge frente a profundos sentimientos de inseguridad pues cuando “estoy seguro de algo o de alguien, ya sea de mi pareja, de un amigo, de mis hermanos o de mis padres, difícilmente aparece este sentimiento”.

La desconfianza sin fundamentos habla de personas heridas en experiencias muy tempranas de la vida, algunos traumas reflejados luego de grandes, incluso de individuos que deben haber sido privados de los cuidados mínimos de pequeños y también de aquellos que han sufrido la carencia de afecto y seguridad.

La confianza es algo que se va construyendo  y ganando poco a poco entre dos seres humanos, y no es algo que surja de un momento a otro. Sin embargo, existen personas cuya desconfianza e inseguridad es exagerada y es la evidencia de una lesión muy seria a nivel de desarrollo que puede causar problemas. Muchas veces esta desconfianza cae dentro del rango de un problema patológico y enfermizo.