Padre Clemente: ¿Quién se conoce realmente por dentro?

Para el padre Clemente Sobrado, la respuesta nos la da Pablo: ´ya no soy yo sino Cristo que vive en mí´. Eso es ser cristianos, comentó.

San Juan 1, 6 al 8 y del 19-al 28: 

 

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” El confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo.” Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?” El dijo: “No lo soy.” - “¿Eres tú el profeta?” Respondió: “No.” Entonces le dijeron: “¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”. Dijo él: “Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?”. Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia”. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

 

 

P. Clemente: Queridos amigos: el Evangelio de hoy nos plantea una pregunta directa y personal a la que, de ordinario, no queremos responder. “¿Quién eres tú?” “¿Qué dices de ti mismo?” Todos sabemos muy bien quiénes son los demás. Y todos sabemos muchas cosas de los otros. Lo difícil es cuando alguien nos pregunta: ¿Y tú quien eres? ¿Qué dices de ti mismo?

 

Es una pregunta que muy pocos son capaces de hacerse, porque es preguntarse por su propia identidad, por su propio ser. ¿Y quien se conoce realmente por dentro?

Recuerdan a aquel que se fue al cielo y al entrar tuvo que identificarse.

¿Usted quién es? Pues, mire yo son ingeniero.

 

Yo no le he preguntado qué hace sino quién es.

Yo ayudé a construir muchas Iglesia.

Yo no le preguntado qué ha construido sino quién es usted.

Soy un padre de familia. Por favor, Señor, yo no le he preguntado si tiene hijos, sino quién es.

 

No se enfade, Señor, pero a decir verdad es lo único que sé de mí mismo.

Me lo imaginaba. Usted es un desconocido para usted mismo. Pongamos “Yo un desconocido”. Así que habrá que ponerle N.N. No, Señor, “yo me llamo Don Jorge Nepomuceno”. Pero ¿quién es ese Jorge Nepomuceno? Pues yo. ¿Y quién es ese yo? Pues, yo. Bueno, pongamos que usted es un “Don Nadie”.

 

Esto es lo que le pasó a Juan: Yo no soy Elías, ni soy el profeta, yo no soy el Mesías. Pero ¿quién demonios es usted? Yo soy el que bautiza y abre caminos al que está por venir. Porque en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis y al que no soy digno de desatarle la corre de sus sandalias. Yo no soy yo sino que soy en relación al otro. ¿Quién soy yo? La respuesta nos la da Pablo: “ya no soy yo sino Cristo que vive en mí”. Eso es ser cristianos.