El surf en los Panamericanos se llevará a cabo del lunes 29 de julio al domingo 4 de agosto.

“¿Cómo es posible?”, le dijo. Estaba sorprendido, preocupado y, quizás, algo molesto. Mientras discutía con Rosario, María Fernanda, la hija de ambos, caminaba hacia la orilla. Tenía cinco años, nunca había entrado al mar y no sabía nadar.

Entre Waikiki y Playa Redondo, en Miraflores, se encuentra Makaha. Ahí, justo frente a la entrada del club Terrazas, entre tantos puestos para aprender a surfear, hay una carretilla blanca con toldo celeste. Se diferencia del resto no solo por la forma y los colores, sino por el tipo de negocio que ahí funciona.

Ahora tiene 21 años, pero ya en ese entonces, con apenas cinco, los lugareños y los socios del club lo llamaban Raspadillas Charito. Charito es Rosario, la señora que ese caluroso día discutía con su esposo, mientras la pequeña se acercaba al agua en una playa que era como su casa.

Aunque el verano de 2003 era el quinto que vivía en esa playa, Mafer aún no sabía lo que era flotar ni aguantar la respiración. Nunca se había metido al mar. Siempre tuvo que conformarse, por precaución, con admirarlo desde afuera, al igual que a todas esas personas que parecían hormiguitas paradas en el mar, deslizándose por las olas.

Mamá vendía raspadillas y papá fiscalizaba la playa. Si ella iba era solo por necesidad, porque estaba de vacaciones y no tenía con quién quedarse. La familia Reyes trabajaba para la Municipalidad de Miraflores y no podía darse el lujo de bañarse en la playa, pero eso nunca fue impedimento para que ella la pasara bien: si bien le gustaba ayudar con la venta, lo suyo era corretear por la arena y la orilla. Y nadie se lo impedía. Así, por su gran energía y falta de temor a las olas limeñas, ese día entró al mar para aprender a surfear.

Maria Fernanda Reyes representará a Perú en Lima 2019. | Fuente: Facebook Maria Fernanda Reyes

“¿Cómo es posible?”, le dijo papá a mamá. O al menos ese es el recuerdo que María Fernanda conserva en su mente. Los movimientos de brazos, los gestos de incomodidad. Pero ella siguió andando. Era su gran oportunidad. “La primera vez que entré al mar, subí a una tabla sin saber nadar. Me acuerdo de mis papás discutiendo por cómo era posible que lo hiciera”, cuenta ahora, 16 años después, a un mes y medio de representar a Perú en los Juegos Panamericanos Lima 2019.

Mientras sus papás debatían sobre si era una buena o mala decisión, ella entraba al mar de Makaha. No estaba sola. Un hombre la acompañaba. Gustavo Solé, papá de la también surfista nacional Valeria Solé y, en ese entonces, instructor de surf vecino de Raspadillas Charito, le propuso horas antes a Rosario enseñarle a su hija cómo se corren las olas, y ella, sin dudar, aceptó. Con una tabla ajena porque, aunque quisiera, el dinero no hubiera alcanzado para comprar una.

La sorpresa, preocupación y, quizá, molestia del señor Reyes duró poco. Mafer no solo no tenía miedo, sino que además era buena, muy buena, y pudo controlar la tabla incluso antes de aprender a nadar. Aunque no pasó mucho tiempo para que hiciera ambas cosas.

El profesor Solé le enseñó a mantener el equilibrio sobre ese instrumento plano de resina, pero fueron los socios del club los encargados de las clases de natación. Algunas veces salían a la playa y otras la llevaban con ellos a la piscina. Su personalidad sociable y su facilidad para aprender le permitieron no solo tener muchos maestros, sino además repetir la rutina a diario durante los tres meses que duraban sus vacaciones de verano.

El resto del año también lo pasaba en Miraflores, pero lejos de la Costa Verde. En marzo, cuando debía desempolvar el uniforme del Juana Alarco de Dammert, estaba obligada a cambiar la playa por un aula con pizarra y carpetas. Sus días transcurrían entre su casa en Villa María del Triunfo y su colegio en la Avenida Benavides. Y si bien en sus ratos libres jugaba fútbol y vóley con sus amigos del barrio, en su ADN –aunque no por herencia- ya estaba instalado el surf.

Maria Fernanda Reyes representará a Perú en Lima 2019. | Fuente: Facebook Maria Fernanda Reyes

Al inicio, claro, era solo por diversión. A los nueve años, por ejemplo, cuando Gustavo Solé la llevó a su primera competencia en San Bartolo, su única intención era pasarla bien. Y fue igual los siguientes tres años. Hasta ese momento no sabía que viajaría por el mundo representando a Perú. Pensarlo era soñar en grande. Tal vez demasiado. ¿Cómo costear pasajes, tablas y wetsuits? ¿Cómo, si entre los productos necesarios completos tenía que gastar, en promedio, unos mil dólares?

A los 13, esas dudas y una apendicitis la alejaron del mar. Durante todo 2011 se dedicó solo a los estudios. Sin embargo, un año después decidió volver a lo suyo y tomar el riesgo de convertir su hobby en una profesión. Los socios del club, además de motivarla, la apoyaron con los equipos que necesitaba para dar el salto.

“No sabía que iba a poder viajar, pero se pudo. Cuando uno comienza de chiquito, ve que hay gente que apoya y te hace saber que puedes salir adelante con el deporte. A mí me apoyaron porque mi mamá no podía cubrir las tablas, el wetsuit, los viajes”, cuenta la recién subcampeona sudamericana del WSL de Brasil.

Maria Fernanda Reyes representará a Perú en los Juegos Panamericanos Lima 2019. | Fuente: Facebook Maria Fernanda Reyes

Campeona panamericana de Longboard, campeona latinoamericana de surf, subcampeona Mundial ISA Longboard, segundo puesto de Sudamérica según el ranking WSL y cinco veces campeona nacional son solo algunos de los títulos que tiene su palmarés. Y ninguno le llegó fácil. En el camino tuvo que reforzar hábitos y hacer cambios.

 “¿Vas a entrenar? Tienes que llegar temprano, ser puntual y, sobre todo, estudiar”, le advirtió Carlos Cruz, quien se convirtió en su coach de surf y principal inspiración. “Fue un segundo padre para mí. Me ayudó a sobresalir. Hizo posible que yo entrara a la Selección y comience a ser una de las mejores”, dice.

Para ella, acatar las indicaciones no era ningún sacrificio. En épocas de fiestas y quinceañeros, Mafer dormía temprano. Y, para ser sinceros, no le costaba. “No me afectaba, la verdad, porque siempre estuve en el mar. Yo comencé a relacionarme con la gente a los 17 años, aproximadamente. Los deportistas también pueden salir, pero hay que saber dividir tiempos”.  

Eso último lo hacía a diario, pero no precisamente para ir a reuniones, sino para dedicarse al deporte sin descuidar la secundaria. Al inicio le fue bien. Sin embargo, con los torneos internacionales las cosas cambiaron. Atrasarse en las clases y perderse exámenes la complicaban más de la cuenta. Por eso, un año antes de terminar secundaria, se cambió al Fermín Tangüis, un colegio no escolarizado.

“Lo hice para poder entrenar y viajar sin tener que dejar de lado las clases. Mis papás me apoyaron, siempre y cuando no deje de estudiar”, recuerda. Y cumplió. No dejó de hacerlo ni cuando terminó el colegio.

Mientras en lo deportivo cambió la tabla corta por el longboard, en lo académico se matriculó en la carrera universitaria Ciencias del Deporte. Va en sétimo ciclo y sus clases son presenciales en Pachacamac. Sí, Pachacamac. Aunque puede ser agotador, recibe el apoyo necesario para coordinar sus horarios de manera que no le afecte ni en los estudios, ni en el surf.

Maria Fernanda Reyes en Makaha, playa en la que aprendió a surfear. | Fuente: Facebook Maria Fernanda Reyes

De los siete días de la semana, tres o cuatro los dedica a entrenar física y técnica, tanto en las playas de competencia como en otras dentro y fuera de Perú. Ha corrido olas del sur y norte de Perú, de Puerto Rico, Brasil, Estados Unidos, Indonesia, China y muchísimos países más, pero ninguna playa se parece, siquiera, a esa que encuentras cruzando el club Terrazas.

Maria Fernanda ya no es la niña de cinco años que mira de lejos a los surfistas, ahora, a los 21, es parte de ellos. Ya no corretea por la arena y la orilla, ahora se prepara dentro del mar para representar a su país en el ISA World Longboard Surfing Championship, junto a Ana Kaspar, Lucas Garrido Lecca y su referente y amigo, ‘Piccolo’ Clemente. Ya no son los socios quienes le compran tablas y wetsuits, ahora hay marcas que apuestan por ella.

Pero en Makaha, entre tantos puestos para aprender a surfear, aún hay una carretilla blanca con toldo celeste. La conocen como Raspadillas Charito. La vendedora estrella es la misma. Y, de cuando en cuando, Mafer la acompaña. Si no está estudiando o compitiendo, está ahí. Surfeando, ayudando a mamá o solo descansando. Total, es su lugar, su escuela, su verdadero hogar. No importa cuánto tiempo pase ni cuántas medallas lleve colgadas… hay cosas que nunca cambian.

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