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El emblemático Obelisco de Buenos Aires recuperó este domingo su cúpula piramidal, dos semanas después de que un artista sorprendiera a los porteños al hacerla "desaparecer", informaron fuentes del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

El Obelisco fue el principal protagonista de la intervención "La democracia del símbolo", planificada por el artista argentino Leandro Erlich con el apoyo del MALBA.

Conocido por instalaciones que juegan con la ilusión óptica, Eldrich había recubierto la punta del monumento con una carcasa rectangular de 3.000 kilogramos y la ayuda de una grúa.

Una réplica del ápice que invita a los visitantes a introducirse dentro para disfrutar de las vistas que se verían desde lo más alto permanecerá en la zona de acceso al MALBA hasta marzo de 2016.

"Me interesa generar proyectos en los que el arte escape a las fronteras de los centros convencionales de exhibición y se imbrique en el orden de lo cotidiano", explica Erlich en la presentación de su obra en la página web del museo.

"Me interesa el arte como una herramienta de integración, de acción, de vinculación. La relación de las ciudades con los monumentos y con lo que significa visitarlos, porque no solo lo hacen los turistas; tiene que ver con la apropiación, con el orgullo, con la pertenencia. Y el Obelisco en Argentina es un monumento que nunca ha sido pensado para ser visitado", agrega.

El Obelisco fue construido en 1936 por el arquitecto modernista Alberto Prebisch.

Desde entonces, es símbolo de la capital argentina, punto de reunión de celebraciones y manifestaciones populares y también protagonista de innumerables proyectos artísticos como este "site-specific".

Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) había sorprendido ya en la inauguración de la Usina del Arte porteña, en 2012, con una fachada de una casa típica de principios del siglo XX a la que la gente podía trepar.

Su reconocimiento trasciende las fronteras argentinas y sus intervenciones han llegado a museos internacionales como el Reina Sofía madrileño, el MOMA neoyorquino y el Macro romano.

EFE