El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, escaló la tensión transatlántica el jueves tras advertir que Washington "tomará medidas" si Europa y Dinamarca no asumen con seriedad la seguridad de Groenlandia, territorio autónomo danés clave en el Ártico. La declaración revive las ambiciones del presidente Donald Trump de adquirir la isla, incluso por la fuerza y causa un rechazo unánime de líderes europeos, que ven en ella una amenaza directa a la soberanía y a la OTAN.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, habló este viernes 9 de enero con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sobre la importancia de la zona ártica para la seguridad compartida de la alianza, según informó un portavoz en una publicación en la plataforma X.
Varios miembros de la OTAN expresaron su preocupación después de que la Casa Blanca anunciara el martes que Estados Unidos estaba considerando diversas opciones para adquirir Groenlandia, incluyendo el uso de la fuerza militar.
Y en la noche del jueves 8 de enero, las preocupaciones aumentaron cuando el vicepresidente de EE. UU., J.D. Vance, sostuvo que si Europa "no se toma en serio la seguridad de ese territorio" su país "tendrá que tomar medidas al respecto".
"Hay adversarios hostiles que han mostrado mucho interés en ese territorio en particular, en esa parte del mundo. Así que lo que les pedimos a nuestros amigos europeos es que se tomen más en serio la seguridad de ese territorio porque, si no lo hacen, Estados Unidos tendrá que tomar medidas", señaló Vance.
Si bien el presidente Donald Trump ya había señalado en reiteradas ocasiones su ambición sobre Groenlandia, el temor parece más latente después de que el pasado 3 de enero EE. UU. lanzara una operación militar contra Venezuela, en la que capturó al presidente Nicolás Maduro a quien trasladó a Nueva York, acusado de narcotráfico. Solo horas después, el líder de la Casa Blanca anunció que su país controlará de forma indefinida el territorio venezolano, principalmente su petróleo.
Hechos vistos por varios gobernantes y líderes europeos como una ruptura del derecho internacional que podría repetirse por parte de Washington.
“Este es nuestro hemisferio”, fue la publicación en la red social X del Departamento de Estado de Estados Unidos dos días después de la intervención en Venezuela.
Para Washington, Groenlandia es el “gran bien inmobiliario” estratégico del Ártico. La isla, la más grande del mundo sin ser continente, cobra relevancia creciente por el cambio climático, que derrite el hielo y abre nuevas rutas marítimas entre Asia, Europa y América.
La retórica MAGA, “hacer Estados Unidos grande de nuevo” por sus siglas en inglés, está a flor de piel. En una entrevista con 'Fox News' Vance advirtió que el uso de la fuerza es una posibilidad para tomar control de Groenlandia.
"Nos aseguraremos de defender los intereses de Estados Unidos (...) y creo que el presidente está dispuesto a hacer todo lo posible para garantizarlo".
En marzo de 2025, el vicepresidene de Estados Unidos visitó Groenlandia y criticó a Dinamarca, país al que pertenece la isla autónoma, por no invertir lo suficiente en su defensa.
Reacciones europeas: unidad frente a la amenaza
La advertencia de Vance ha unido a Europa en defensa de la soberanía groenlandesa. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, expresó su confianza en que Estados Unidos no realizará una acción militar para tomar Groenlandia porque, según ella, Washington es consciente del “impacto significativo” que esto tendría en la OTAN.
Meloni abogó por una “presencia seria y significativa” de la alianza transatlántica en el Ártico, reconociendo preocupaciones estadounidenses pero rechazando la fuerza.
"Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con Trump. Por ejemplo, creo que el derecho internacional debe defenderse con firmeza. Cuando discrepo, se lo digo; no tengo ningún problema en hacerlo", declaró Meloni el viernes.
La primera ministra italiana ha tenido tradicionalmente fuertes vínculos con Trump y fue la única líder europea que asistió a su toma de posesión el año pasado.
Sus partidarios esperaban que ella tuviera acceso privilegiado a él y se convirtiera en un puente entre Washington y Europa, pero no está claro que hasta ahora haya seguido sus consejos.
Mientras que desde Francia, el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, afirmó que “EE. UU. tiene derecho a repensar sus lazos con aliados, pero nosotros tenemos derecho a decir no a propuestas inaceptables”.
Además de Italia y Francia, otros cuatro líderes europeos – Alemania, Polonia, España y Reino Unido– junto a la primera ministra danesa Mette Frederiksen, emitieron una declaración conjunta en la que reiteran que “Groenlandia pertenece a su pueblo y a Dinamarca. No dejaremos de defender las fronteras de la OTAN”.
Frederiksen fue la más contundente: “Si EE. UU. ataca militarmente a otro miembro de la OTAN, todo se detiene, incluida la Alianza”. La primera ministra de Dinamarca advirtió que las amenazas son “presión inaceptable” y deben tomarse en serio.
Canadá, vecino de Groenlandia y país fronterizo con Estados Unidos, ratificó su apoyo a Europa. El primer ministro Mark Carney, en coordinación con Alemania, señaló que cualquier amenaza a Groenlandia afecta la soberanía compartida del Ártico. Berlín enfatizó la necesidad de reconstruir la confianza en la OTAN tras estas declaraciones.
Donald Trump: “Groenlandia lover”
Su posición geográfica domina el GIUK Gap (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), paso clave entre el Ártico y el Atlántico Norte, vital para la defensa naval. La isla alberga la base estadounidense de Pituffik, esencial para sistemas antimisiles y vigilancia contra amenazas rusas y chinas.
Además, posee vastos recursos: tierras raras, uranio, zinc y posibles reservas de petróleo y gas. Expertos destacan que quien controle Groenlandia influirá decisivamente en el futuro del Ártico, región cada vez más militarizada por Rusia y con inversiones chinas en minería.
El interés de Trump por la isla no es nuevo. En 2019 propuso comprarla a Dinamarca, calificándola de “gran bien inmobiliario” para la seguridad nacional. La idea fue rechazada como “absurda”, pero Trump la revivió en su segundo mandato presidencial, argumentando vulnerabilidades ante las inversiones en minería de China y la expansión naval ártica de Rusia.
Expertos advierten que una acción unilateral estadounidense podría fracturar la OTAN, alianza transatlántica fundada en 1949 para proteger la integridad territorial. Analistas del Chatham House y exfuncionarios de la OTAN consideran improbable un conflicto armado, pero posible el uso de presión económica o diplomática. La UE discute respuestas, priorizando infraestructura crítica y contrarrestar influencia híbrida.
Esta crisis, potenciada por la reciente intervención estadounidense en Venezuela, prueba los límites de los históricos aliados de Washington. Trump argumenta seguridad nacional mientras que Europa ve imperialismo.