Junín: las vivencias de los llameros en una danza

La Llamishada representa el vínculo de trabajo y amor que nace en el indio y las llamas desde que se logró su domesticación.
RPP/Flor de Mar

Durante la historia, las actividades del hombre del campo se plasmaron en construcciones, cerámica, religión, arte lítico y las danzas, este último tal vez como la expresion artística y cultural más importante de las antiguas sociedades del país y del mundo.

En el distrito de Ahuac, provincia de Chupaca (Junín), ubicada a 3275 m.s.n.m., se desarrollaron importantes expresiones artísticas basadas en la actividad diaria de sus habitantes. Una de ellas es la danza del Llamish, la expresión de los hombres de la puna que pastan llamas.

La palabra “llamish” proviene de la palabra “llama”, que al complementarse con el sufijo “ish” significa llamero. Es decir, la Llamishada es una remembranza a los antiguos llameros de las zonas altoandinas del Valle del Mantaro y una veneración a la majestad del milenario animal andino que genera un importante vínculo de trabajo y afecto con el indio.

La Llamishada, que nació en la antigua etnia de Yauyos, fue trasladada a diversos lugares del Hatun Mayu hasta que, en la actualidad, es practicada en los distritos de Ahuac, Iscos y Chongos Bajo.

Esta danza que se baila en el mes de junio en honor a San Pedro y San Pablo, se caracteriza por la alegría festiva que derrochan los llameros andinos representando sus vivencias como pastores de auquénidos y la herranza de la llama.

Otra característica de la Llamishada es que tanto varones y mujeres utilizan sombreros confeccionados con fibra de auquénido u ovinos adornado con cintas de colores.

Las faldas y los pantalones son de bayeta negra, además llevan huaracas con las que forman variados dibujos durante la coreografía. Asimismo, todos los danzantes usan ojotas hechas con piel de carnero llamadas “shucuy”.

En la coreografía se observa el trenzado de las huaracas y la construcción de una pirámide humana que acompañada de una orquesta, dan vida a las experiencias de los antiguos llameros del Valle del Mantaro.

Por: Lizzet Paz

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