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Hay una familia de insectos que guarda una insospechada relación con las plantas. Los áfidos, fitopatógenos del suborden Sternorrhyncha, tienen la capacidad –única en el reino animal– de sintetizar pigmentos conocidos como carotenoides, al igual que las plantas, algas y ciertos hongos y bacterias dentro de la maquinaria fotosintética, reveló un estudio de la Universidad de Yale.

Es decir, los áfidos, que también son conocidos como pulgones, tendrían un sistema rudimentario de recolección de luz del sol, la misma que luego transfiere a su aparato celular de producción de energía, de acuerdo a la investigación.

Los carotenoides son los responsables de la pigmentación del áfido y a la vez, el color del insecto determina qué depredador puede verlo. En esa línea, los investigadores obtuvieron sorprendentes resultados al medir sus niveles de ATP, cantidad de transferencia de energía en los seres vivos:

Los áfidos verdes (niveles más altos de carotenoides) hacían mucho más ATP que los blancos (niveles bajos). Mientras que los naranjas (cantidad intermedia de carotenoides) aumentaron la producción de ATP cuando fueron colocados en la luz y disminuyeron en la oscuridad.

En suma, el estudio indicaría que los áfidos realizan la fotosíntesis, aunque restan más análisis para verificar el descubrimiento.