Inseguridad que desordena la casa

La inseguridad es una enfermedad que arrastramos como consecuencia de no tener las cosas en su lugar, no denominar las cosas como deberían ser y pensar que el otro puede hacer lo que uno no desea.

Margarita Boladeras en su libro Comunicación ética y política indica que lo que ocurre a nuestro alrededor lo captamos según nuestras posibilidades de información y de reflexión. Eso quiere decir que todos necesitamos una representación del mundo, la requerimos para situarnos, movernos en él y construir nuestro mundo de vida. Y corremos un enorme peligro cuando utilizamos un mapa prestado por el dominador, cuando tenemos en nuestras manos una carta de navegación que ha sido construida por alguien que quiere convencernos de un punto de vista que es contrario a nuestros intereses. En ese sentido, las comunidades tienen una gran necesidad de construir sus propias representaciones del mundo que respondan a nuestro carácter situado de estar en este.

Patrullaje en Villa María del Triunfo.
Patrullaje en Villa María del Triunfo.

En el Perú, la noción de orden arrastra lo que fue desde un inicio una forma de organización del poder constituida por una sucesión de guerras civiles lideradas por caudillos militares en los inicios republicanos. El resultado fue un sistema presidencialista fuerte y un Poder Legislativo que fue adquiriendo mayores poderes con el tiempo. Así, el día de hoy nos preguntamos por el orden que implica la convivencia de ambos. Esta no existe en términos de oposición al “desorden”, es decir, “colocar las cosas en el lugar que les corresponde procurando buena disposición de las cosas entre sí” (DRAE). Sin embargo, pensar el orden en términos actuales nos lleva a preguntarnos cuáles son nuestras prioridades.

Parte del desorden que se ubica en todas las instancias institucionales también se refleja en la calle. La inseguridad es una enfermedad que arrastramos como consecuencia de no tener las cosas en su lugar, no denominar las cosas como deberían ser y pensar que el otro puede hacer lo que uno no desea. En ese sentido, medidas como las que se vienen realizando al sacar las fuerzas armadas a las calles demuestran ineficacia en las medidas de inteligencia ¿Acaso se espera que el miedo nos otorgue orden?

El orden es saber que uno subirá al transporte y llegará al destino. Aplicar mano dura no es mantener el orden público, mucho menos crear estrategias desestabilizadoras. Es preciso mirar más allá de las luchas políticas y ver cuáles son las prioridades de la vida individual y social. Las personas no añoran inestabilidad, no se trata de buscar cambios rompiendo la estabilidad. Como dice Andrés Bello, la verdadera dicotomía es orden y libertad, pero ambas con límites: el orden no puede salirse del camino y ponerse dictatorial, y la libertad no puede transformarse en licencia. No nos son ajenas las noticias sobre el aumento de asesinatos y robos a lo largo del país. Solucionarlo va por una de las primeras acepciones de la palabra orden: el de las cosas que encajan en su lugar.

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