Julio Ramón Ribeyro
"La caza sutil" explora otra faceta de Julio Ramón Ribeyro: la de lector y crítico. | Fuente: Archivo Caretas

Corría el año 1975 cuando el editor Milla Batres, tras obtener excelentes ventas con la publicación de los primeros dos tomos de la antología "La palabra del mudo", decidió reunir en un solo volumen los artículos que Julio Ramón Ribeyro había ido publicando en la prensa desde los años 50. La tarea, sin embargo, tenía una limitante: tantas veces se había mudado el cuentista que conservaba pocos textos con él. Por eso, Batres se lanzó a la búsqueda, junto con el crítico Luis Fernando Vidal, y finalmente pudieron agrupar una serie de piezas periodísticas que se publicaron en 1976 bajo el título de "La caza sutil".

"Dejaron de lado un pequeño puñado de textos. Por ejemplo, uno dedicado al poeta Javier Heraud o la entrevista que Ribeyro le hace a Vicente Aleixandre en Madrid", dijo a RPP Noticias Jorge Coaguila, autor de "Ribeyro, una vida". Dichos títulos, junto con varios más que el escritor peruano siguió escribiendo hasta el año de su muerte, en 1994, fueron alimentando nuevas ediciones de este libro de ensayos que, al momento de su lanzamiento, fue precedido por la publicación de sus "Prosas apátridas" en 1975. Este año, según el especialista, la edición definitiva de "La caza sutil" llega a nuestras manos bajo el sello Penguin Random House. "No hay más [artículos por encontrar]", aclaró.

Un total de 76 textos componen esta nueva colección cuyo título fue tomado por Ribeyro de un término que Ernst Jünger usó en sus diarios para referirse a "una de sus distracciones favoritas, la caza de insectos". Aunque el autor de "La palabra del mudo" señala en el prólogo que la mayoría de los artículos reunidos son un "desaprensivo paseo entre libros y autores", en el que recoge "aquí y allá una que otra pequeña presa", lo cierto es que su mirada se posa en escritores y temas que poco tienen de minúsculos.

En palabras de la escritora Elizabeth Monopoli, integrante de El Club Ribeyro, el narrador de la generación de 1950 "muestra lo que es importante para él, tanto como escritor y persona". "No solo se deja envolver por la literatura, sino también nos permite conocer el Ribeyro persona, el que va más allá de su oficio, como sus ensayos sobre pintores o de personajes que él admira", afirmó en alusión al apartado en que Julio Ramón se ocupa de artistas como Emilio Rodríguez Larraín, Herman Braun, Enrique Polanco, entre otros.

Bajo el sello Alfaguara, Penguin Random House lanza la cuarta y definitiva edición de "La caza sutil", de Julio Ramón Ribeyro. | Fuente: Penguin Random House

Ribeyro: afrancesado, peruano y personal

A casi 28 años de su muerte, los lectores de Julio Ramón Ribeyro continúan recibiendo nuevas noticias del autor. Como si desde una región desconocida, el escritor continuara, incansable, enviando textos inéditos. Desde allí llegan a las páginas de la flamante edición de "La caza sutil" su breve "Autobiografía", los manifiestos políticos que firmó en vida, prólogos a sus propias obras, entrevistas que hizo y le hicieron, conferencias y discursos, entre ellos, el que no pudo dar cuando ganó el Premio Juan Rulfo de Literatura en 1994.

Otros textos que resultan llamativos, y ya habían aparecido en una edición anterior, son los que conforman el apartado de "Proverbiales", protagonizados por personajes de la historia de la literatura. Y de la Historia. "En cierto modo, se parecen a los protagonistas de sus cuentos", reflexionó Jorge Coaguila. "Son personajes que fracasan en sus intentos, tales como Atahualpa o Abraham Valdelomar. Sus proyectos terminan mal, proyectos de vida en este caso. Lo mismo podría citarse de Caravaggio, Sade, Ovidio", añadió.

Ribeyro incluso ofrece pistas para los investigadores de su obra en títulos como "Reflexiones de un novelista", opinó Coaguila. En cuanto al resto de sus piezas periodísticas, ahí sobresalen sus ensayos dedicados a nuestra literatura: desde su paradigmático "Lima, ciudad sin novela", que llamó a renovar nuestra narrativa urbana, hasta las valoraciones de la obra de José María Arguedas o proyectos de amigos suyos, como el poeta Leopoldo Chariarse y los narradores Alfredo Bryce Echenique y Alfredo Pita.

De la literatura extranjera, Ribeyro tenía predilección por la francesa, como puede notarse en sus artículos centrados en Gustave Flaubert o Guy de Maupassant, dos autores de "enorme importancia para el desarrollo de su ficción", a decir de su biógrafo. Pero también era un lector avisado de lo que se escribía en su época, según se evidencia en sus textos que examinan novelas de autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier o José Lezama Lima.

Por otro lado, reivindicó un género que se tenía por menor, como lo es el diario personal, del que era también un fino cultor. Y aunque se pueda cuestionar la inclusión de reflexiones alrededor de temas tan ajenos a su obra como la alquimia o el adobe, lo cierto es que "La caza sutil" ha adquirido con el paso del tiempo un cariz muy personal. Si Monopoli señaló que "el 80% de su obra de ficción tenía tintes autobiográficos", lo mismo podría decirse de sus ensayos, que revelan a alguien con una perspectiva singular en torno a intereses heterogéneos. 

Así, el Ribeyro afrancesado, privado y extraño emerge de estas páginas para dialogar con una obra de ficción marcada por los franceses, por las experiencias personales y los seres marginados. 

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