Ser gay en tiempos de Evo, un nuevo libro en Bolivia

Ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es sencillo en países como Bolivia por la resistencia, aún, de grupos conservadores.
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Ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es sencillo en países como Bolivia por la resistencia, aún, de grupos conservadores, la ligereza y el morbo con que abordan el tema los medios de comunicación y la tibieza de las autoridades e incluso de esa misma comunidad frente al tema.

Esta realidad se refleja en "Ser gay en tiempos de Evo", libro presentado esta semana y compuesto de 133 historias tan diversas como la temática que abordan, "con un fuerte contenido social, de crítica y de visibilización", explicó a Efe su autor, el escritor y periodista boliviano Edson Hurtado.

Son historias "crueles, dramáticas, de orgullo, de reivindicación, de esperanza, de violencia, de política", y encontrarlas y sistematizarlas "fue un reto" que duró ocho meses y, a la vez, "un logro importante", pues es el primer libro boliviano que trata la homosexualidad "de una manera profunda y directa", dijo Hurtado.

La crítica política abunda en la publicación y tal vez una de las anécdotas más conocidas y polémicas, no sólo del libro sino de la gestión del presidente Evo Morales, fue la ocurrida en 2010, durante un evento ambientalista promovido por el Gobierno, en el que el mandatario dijo que los pollos son causantes de "desviaciones" sexuales de los hombres.

Hurtado habla de un supuesto "sabotaje" a Morales preparado por quien escribió el discurso que el presidente leyó aquel día, "una persona que no tiene rostro ni nombre, una sombra que ha desaparecido o que sigue camuflándose dentro del Gobierno".

También está la historia de un hombre que pasó 24 horas en prisión por llamar públicamente "maricón" al vicepresidente Álvaro García Linera en Sucre, capital constitucional de Bolivia, donde otro grupo también le tildó de "ladrón", "vendepatria" y "cabrón" y no acabó en la cárcel.

"Hasta ahora nadie sabe por qué el segundo mandatario no mandó a arrestar a las demás personas, que también lo insultaron. Parecería que si te dicen ladrón o cabrón no es tan grave como si te dijeran maricón", cuestiona el libro.

Para Hurtado, el discurso del Gobierno sobre la reivindicación de las minorías "se queda corto" porque le falta ser "realmente inclusivo, pero es comprensible que desde el mundo indígena (...) exista un temor a ver las cosas de otro modo".

"El Gobierno de Evo Morales podría tener mucho más impacto, si encontrara la manera de llegar a una sociedad a la cual le cuesta mucho verse a sí misma", opinó.

Una de las paradojas que también aborda el libro es el desprecio mutuo entre indígenas y gais, pese a que ambos grupos figuran entre los más discriminados del país.

No es un libro más de críticas solo a los detractores de la diversidad sexual, pues también cuestiona a las comunidades bolivianas de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) por dejar de defender a veces sus derechos.

"El movimiento político LGBT en Bolivia aún es embrionario. La reciente propuesta de unión civil entre personas del mismo sexo carece de un precedente y de un debate real y serio con todos los actores", dijo a Efe Hurtado, aunque destacó como un paso importante empezar a plantear el tema.

Sin embargo, sus relatos preferidos son aquellos "en los que los protagonistas han dejado de lado el miedo y el terror de una sociedad castrante, y se han enfrentado a sus temores, asumiendo su derecho a vivir una sexualidad libre de culpas".

Uno de estos es el caso de Gisselle, quien, según dice Hurtado en su libro, es "una de las más bellas travestis que han visto las calles de Bolivia". "Ella ilumina las noches con su sonrisa y ama sin mirar a quién, como todos deberíamos hacerlo. Y encima, es feliz", agrega.

Las comunidades LGBT celebran hoy el día del "orgullo de ser gais" con marchas en diversas ciudades pero, aunque "al menos en papel ha habido grandes e importantes avances", el escritor dice que queda mucho por hacer para eliminar la homofobia.

"La lucha por la dignidad, la equidad social y el respeto apenas está comenzando. Pero no por eso vamos a dejar de luchar", concluye el libro.

EFE