AFP

Un Lionel Messi desaparecido, dubitativo e ineficaz flotaba la tarde del sábado en el Camp Nou. No era el mismo jugador desequilibrante, pícaro y atrevido que tantas alegrías había conducido cuando la época de gloria de un Barcelona que para muchos, con el campeonato de ayer, ya ha cerrado un ciclo grande en la historia del fútbol.

Pero más que el rendimiento era la actitud del 10 lo que el aficionado azulgrana no perdonaba. Messi no tuvo ocasiones de gol claras para concretar y tampoco las generó; los hinchas que esperaban algo más del otrora mejor del mundo empezaban a canalizar su impaciencia. Lio también contribuía: un par de pelotas perdidas por él y luego a seguir la pelota con la vista, no hubo reacción, no corrió tras ella para recuperarla, entonces las pifias no se hicieron esperar.

Y esta silbatina no solo ha sido con Messi. Al final del partido y luego de que el estadio aplaudiese de pie a los jugadores del "Cholo" Simeone por la forma en la que consiguieron el título, se volvieron a los barcelonistas que se dirigían a vestuarios y también hubo pifias para el final de  la peor campaña del club en los últimos años.

Ansiedad por estar en Brasil 2014, pocas ganas de jugar al fútbol, problemas de salud, problemas personales; todo el mundo se pregunta qué ocurre con Lionel Messi y si es que la estrella argentina así como el equipo en el que está también ha cerrado un ciclo en el que brillaba con luz propia. El Mundial lo dirá.