Cuento de hadas resultó una pesadilla de torturas y abusos

Modelo indonesa abandonó a un príncipe que abusaba de ella e incluso la golpeaba

Una modelo indonesa de 17 años huyó de su "príncipe azul", el heredero del sultanato malasio de Kelantan, con quien contrajo matrimonio, porque en vez de vivir el cuento de hadas que imaginó sufrió una pesadilla de torturas y abusos.

La vida de Manohara Odelia Pinot, toda una "famosa" en Indonesia pese a su juventud, cambió en cuestión de dos meses tras la boda en agosto de 2008.

"Los abusos sexuales y el acoso eran una rutina diaria para mí, algo a lo que él recurría cada vez que yo no quería mantener relaciones sexuales", aseguró la joven a los periodistas a su llegada a Yakarta, el domingo, tras huir de su marido, el príncipe Tengku Temenggong Muhammad Fakhry, de 31 años.

"Sigo traumatizada por todo lo que ha pasado", manifestó la modelo, que sólo piensa en el divorcio.

Manohara aseguró que fue golpeada y maltratada en numerosas ocasiones y que su esposo "le cortó con una cuchilla" partes del cuerpo.

Relató que vivía encerrada en las estancias privadas del príncipe sin apenas poder salir al exterior, salvo cuando tenía que cumplir con el protocolo en los actos oficiales.

Cada vez que se quejaba, era sedada con tranquilizantes y en una ocasión que trató de huir fue capturada por el servicio de seguridad y le drogaron "hasta que vomitó sangre", detalló Manohara.

"Nunca pensé que un hombre normal pudiese recurrir a ese tipo de cosas", indicó la bella modelo.

La fuga definitiva se produjo el pasado fin de semana aprovechando un viaje que el matrimonio hizo a Singapur para ver al sultán de Kelantan, Ismail Petra II, quien se recuperaba en un hospital de la ciudad-estado de un infarto.

Desde el Royal Plaza Hotel, uno de los establecimientos más prestigiosos de la antigua colonia inglesa, Manohara esperó un descuido de su marido para llamar a la policía y pedir socorro.

A continuación, eludió a los guardaespaldas, se metió en un ascensor del hotel y pulsó el botón de emergencia para bloquearlo, hasta que las fuerzas de seguridad llegaron al hotel y se pusieron en contacto con la embajada de Indonesia.

"La Policía (de Singapur) le dijo a Fakhry que sería encarcelado si no me permitía marcharme. Que nadie podía forzarme contra mi voluntad en Singapur", explicó Manohara.

"Supe que esa era mi ocasión para escapar", apostilló la joven, quien se encontraba arropada en Yakarta por su madre, Daisy Fajarina, su hermana Dewi Sri Asih y un miembro de la embajada de Indonesia en Singapur.

La familia de la menor ha criticado a los gobiernos de Indonesia y Malasia por ocultar los episodios de malos tratos y abusos, y aseguró que las autoridades de ambos países ignoraron en repetidas ocasiones sus peticiones de auxilio.

"Lo hicieron aún peor mintiendo, diciendo que yo me encontraba bien cuando estaba sufriendo", aseguró la modelo.

La Casa Real de Kelantan se ha negado a comentar el suceso y el Gobierno de Malasia considera que se trata de un asunto privado.

Naciones Unidas calcula que cada año unas 100.000 mujeres y niños indonesios son llevados a Malasia, Arabia Saudí, Singapur o Hong Kong para entrar en el mundo de la prostitución o ser explotados laboralmente.

El Departamento de Estado norteamericano considera que Indonesia es "fuente, lugar de tránsito y país de destino de mujeres, niños y hombres víctimas del tráfico humano por motivos de explotación sexual o laboral con fines económicos".

 

EFE