El presidente francés, François Hollande, quiso hoy dejar claro, una vez en París el periodista Roméo Langlois, secuestrado durante más de un mes por las FARC, que no interferirá en el conflicto colombiano ni se implicará en ningún proceso como le pedía la guerrilla.

Los franceses "no tenemos que interferir en la política de Colombia", subrayó Hollande en declaraciones a la prensa al término del encuentro de una media hora en el Palacio del Elíseo con Langlois, que esta mañana había llegado a París procedente de Colombia, con una carta de las FARC para el presidente francés y un mensaje crítico hacia el Gobierno de Bogotá.

La "campaña agresiva" de comunicación de Bogotá para hacer pensar al mundo que el conflicto ha acabado lleva a la guerrilla a verse obligada a hacer secuestros mediáticos, como el suyo o el de la ex candidata Ingrid Betancourt, para "llamar la atención de la comunidad internacional", dijo Langlois a su llegada.

"Es necesaria la participación de otros países, sobre todo de Europa, como Francia", señaló el reportero antes de su encuentro con Hollande.

El jefe de Estado, sin embargo, dejó claro que "Francia no tiene que comprometerse en ningún proceso. Queremos que haya un arreglo político y no tenemos nada más que decir".

Hollande indicó que en la carta que le traía destinada el periodista las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia pedían perdón porque no había sido su intención secuestrar a un periodista.

"Sólo podemos desear que haya un proceso que permita encontrar soluciones a este conflicto", añadió tras recibir durante media hora en el Palacio del Elíseo al reportero francés.

El nuevo jefe del Estado insistió en "dar las gracias a las autoridades colombianas, que han llevado la iniciativa y que han permitido este desenlace" en un secuestro "largo".

Un desenlace que -precisó- "ha terminado de la mejor manera" porque el periodista francés, además de libre, está bien de salud, y eso sin que haya habido "ningún trato, ningún canje, ninguna condición".

Langlois había llegado por la mañana a París tras haber sido liberado la víspera tras 33 días en manos de las FARC, y quiso llamar la atención sobre la situación en Colombia y sobre un conflicto en ese país que subrayó que no ha terminado, en contra de lo que quiere hacer creer el Gobierno.

Nada más aterrizar el en aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, donde fue acogido por sus padres, hermanos, algunos amigos y dos ministros, el reportero aseguró que su secuestro es "la forma que tiene la guerrilla de llamar la atención sobre un conflicto que persiste".

"Colombia sigue en guerra, las FARC siguen en activo al igual que otros grupos. Hay una crisis humanitaria extremadamente severa, de la que nadie habla, silenciosa", narró a la prensa Langlois, que acusó a las autoridades de Bogotá de imponer "un bloqueo informativo" sobre la situación del país.

Instalado desde hace ocho años en Colombia, donde trabajaba de forma regular para el canal "France 24" y ocasionalmente para el diario "Le Figaro", el periodista francés afirmó que, con frecuencia, las autoridades colombianas les acusaban de ser "portadores de malos augurios".

En ese contexto sitúa Langlois las críticas que contra él vertió el expresidente colombiano Álvaro Uribe, a quien no quiso responder de forma directa.

"Tiene un odio visceral contra las FARC (...) No le gustó verme salir sonriente y con una cámara, esperaba verme humillado", dijo.

"Las FARC, que quieren una solución negociada al conflicto, se ven obligados a secuestrar a gente como yo, para llamar la atención sobre el conflicto extremadamente grave que hay en el país. Para eso ha servido mi secuestro, para eso sirvió el de Ingrid Betancourt", dijo.

El objetivo de la guerrilla, según Langlois, es que "la comunidad internacional se implique" en la solución del conflicto, porque no cree que pueda arreglarse "entre colombianos" debido a la "gran división y odio" que hay en la sociedad.

Langlois también precisó que "las FARC piden a Francia que siga jugando su papel de país amigo para ayudar a encontrar una solución negociada" y que el presidente francés había aprovechado la entrevista sobre todo para hacerle preguntas sobre las condiciones de su cautiverio y sobre su percepción de la situación en Colombia.

No criticó a sus captores, aunque reconoció que llegó a sentir miedo, que "el asunto se politizó" por "la campaña electoral francesa", y que aunque primero pensaba ser liberado "como mucho en quince días", luego la cosa se alargó.

Aseguró que temió correr la misma suerte que Betancourt, que permaneció más de cinco años en manos de la guerrilla hasta que fue liberada en una operación militar.

EFE