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Educar a los hijos no es tarea fácil; para los padres y madres es un aprendizaje permanente verlos crecer, formarlos, compartir sus inquietudes, dudas y curiosidades. Conforme se aproximan a la adolescencia, los interese, gustos y afinidades de los niños y niñas empiezan a ser diferentes al de sus padres.

A partir de los 14, 15 o 16 años, los chicos y chicas ya no quieren ser tratados como niños y se rebelan con respecto a algunas reglas impuestas en el hogar. Quieren ser más independientes, sus salidas son más frecuentes y sus horarios de retorno se prolongan cada vez más.

Cambian su modo de vestir, su cuarto se convierte en un santuario, pueden querer o no participar en los paseos familiares. Se producen también cambios físicos notorios como el tono de voz (más grave o agudo), estiramiento corporal, presencia de acné; y en cuanto a sus emociones pueden volverse más sensibles o indiferentes a los acontecimientos.

¿Qué hacer ante ello?, ¿de qué manera los padres y madres podrían prepararse para educar a sus hijos e hijas sin vulnerar sus deseos y aspiraciones, dentro de un contexto de respeto, comunicación y confianza? ¿Cuál sería la postura adecuada para fortalecer el desarrollo psicológico, emocional e intelectual del hijo o hija adolescente?

Factores importantes en la interrelación de padres a hijos es la empatía que puedan despertar en ellos, ponerse en su lugar, ser consecuentes con lo que dicen y hacen, brindarles amor sin condicionamientos; mantenerlos informados de los riesgos y peligros propios de su edad; respetar su privacidad, y estar abiertos al diálogo.

A esta edad, los chicos y chicas quieren ser tratados como personas adultas, y por lo tanto, se les debe enseñar a ser responsables de sus actos y consigo mismos. La sobreprotección solo conducirá a formar chicos y chicas dependientes e irresponsables.

Así como se le da libertad al adolescente, es importante implementar ciertas reglas, normas o límites que debe cumplir y respetar. Estas deben establecerse en un marco de respeto y fluidez. Sin necesidad de ponerse estrictos o inflexibles, es importante aprender a negociar con ellos y llegar a un acuerdo en común. Si se trasgrede lo pactado, el chico o la chica debe saber que le corresponde un castigo.

El adolescente a esta edad necesita sentirse seguro y querido por sí mismo. Sin llegar a la exageración o sobreprotección, los padres y madres pueden expresarles cuánto se les quiere con abrazos o besos, palabras de ternura, independientemente de la edad que tenga. No solo decirlo, sino demostrarlo.

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Producción: Amelia Villanueva Ramirez