Reflexiones del Padre Clemente: 

 

Queridos amigos hay preguntas fáciles de responder. Son aquellas en las que no nos sentimos nosotros afectados. Pero hay preguntas muy complicadas. Son aquellas preguntas en las que cada uno de nosotros nos sentimos implicados. Responder por los demás, es fácil. Responder por uno mismo, ya no resulta tan cómodo.

 

Cuando Jesús pregunta qué dicen los demás sobre El, todos responden a coro. Pero cuando Jesús concreta más la pregunta: ¿Y vosotros quién decís que soy yo? Aquí la cosa se complica y sólo responde Pedro.

 

Y aquí la pregunta va más allá de “¿qué decimos nosotros de Jesús?”. En el fondo es una pregunta muy personal: ¿qué soy para vosotros? Porque decir decimos muchas cosas. Pero el problema está en ¿qué sentido tiene Jesús en nuestra vida? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida?

 

Y aquí la pregunta no la hacemos nosotros, sino que es El mismo quien la hace. Por tanto no se trata de preguntas que podamos evadir fácilmente. Porque son preguntas que nos cuestionan.

 

Sin embargo, a mí me gustaría invertir hoy la pregunta. Y que en vez de que sea Jesús quien pregunte, seamos nosotros quienes le preguntemos nosotros a El: “Señor, qué dices tú de nosotros?” “Señor, ¿qué dices tú de tu Iglesia?”.

 

Porque si es importante saber lo que nosotros decimos de El, mucho más importante es saber qué dice El de la Iglesia y qué dice de nosotros.

 

Porque nosotros hablamos mucho de El y la Iglesia habla mucho de El. Pero no estoy seguro de que ni nosotros ni la Iglesia escuchen demasiado lo que El piensa de nosotros, cómo nos ve a nosotros.

 

 

Hoy, diera la impresión de un aire nuevo oxigena a la Iglesia con la figura del Papa Francisco, es posible que muchos no estén de acuerdo. La mayoría sí. Y yo preguntaría: ¿”Y qué piensa y dice Jesús de esta Iglesia que vemos renacer, que la vemos sonreír, que la comenzamos a ver más alegre y simpática y atractiva?” Siempre somos nosotros los que damos nuestro juicio. Yo quisiera escuchar el juicio de Jesús sobre el Papa, los Obispos, los sacerdotes y el Pueblo de Dios.