La nueva producción Disney, "The princess and the frog" vuelve a los orígenes de la animación hecha a mano con un auténtico cuento de hadas "de los de antes" pero con un "rompedor" toque afroamericano, según dijeron hoy en Madrid sus directores, John Musker y Ron Clements.

Una historia de princesas que no los son, sapos que hablan porque son príncipes encantados, libélulas y caimanes que adoran el jazz y la ciudad de New Orleans y sus pantanos como protagonistas absolutos.

Con música del oscarizado Randy Newman, "The princess and the frog" ha sufrido la presión de elegir a una protagonista de color pero también eso ha hecho que aporte una sensibilidad con la que no contaban, reconocen Musker y Clements, dos de los nombres más conocidos de Disney y responsables de filmes como "The little Mermaid" o "Aladdin".

Asegura Musker que no se habían dado cuenta de lo sensible que era el asunto (crear una princesa negra), y eso les obligó a buscar las opiniones de personas de color -entre ellas, Ophra Winfrey- para "cambiar algunas cosas, mejorarlas: se fortaleció el personaje del padre, pero esencialmente la historia siguió siendo la misma".

Musker y Clements, así como el animador Andreas Deja -responsable de "Mama Odie"-, pasaron hoy por Madrid para explicar a los medios los detalles de la película, que les ha llevado cuatro años de trabajo, -antes de que gobernara Barack Obama-.

Por eso, rechazan que Tiana aparezca cuando hay un presidente de los EEUU negro (aunque lo celebran), y aseguran que "era lo natural" tratándose de una historia que ocurre en Nueva Orleans: "ha sido un reto, pero eso es lo divertido de la animación, que te permite explorar nuevos caminos, darle otro sentido...", apunta Clements.

Tiana no es una princesa que espere a su enamorado de sangre real para hacer sus sueños realidad, sino que quiere tener un restaurante y ser independiente.

Para conseguirlo, accede a besar al príncipe-sapo pero en lugar de romper el hechizo cae en las redes de un brujo vudú que persigue la fortuna del hombre más rico de Nueva Orleáns y ella misma se convierte en rana.

Para recuperar su forma humana, la pareja busca la ayuda de una vieja santera que vive en el pantano: Mama Odie.

"Desde el comienzo, era mi favorita", declara el alemán Deja, que entiende la animación de esta centenaria ciega, llena de arrugas y pieles fláccidas, como un auténtico reto: con Tiana, no se trató nunca de competir con el 3D, sino de darle "músculos" al personaje.

"Es crear magia con una línea, no envolver al personaje con texturas. Nunca podríamos conseguirlo con un personaje que vistiera un traje estampado", añade el dibujante para explicar la diferencia.

Por ello, la selección de la animación tradicional tiene que ver con el espíritu que quiere conservar Disney pero también con el proceso creativo.

Es intuitivo, "una respuesta muy rápida, de la cabeza, al corazón, a la mano y al papel, que un ordenador no te da", señala Musker.

Aún así, tanto los directores como el animador niegan que exista un "estilo Disney": "la percepción general es que hay que acoplarse a Disney, pero no es así -afirma Deja-. Lo que lo hace diferente es que son reales, nuestros personajes se mueven con peso real".

Sí reconoce Deja que el paso del tiempo ha obligado a cambiar la forma de montar por exigencia de los niños: ahora debe ser todo más rápido.

Los creadores de la factoría Disney definen la película como una mezcla de humor excéntrico, emoción, melodías y sentimientos donde, a pesar de todo, el amor -y "los buenos"- salen ganando.

"A los niños puede venirles bien saber que hay cosas malas en la vida y que se puede salir adelante. De todas formas -añade Clements- en todos los cuentos, incluida "The little Mermaid", hay personajes muy malos que dan miedo, pero ésta no es demasiado oscura, mantiene bien el equilibrio entre la oscuridad y la luz".

"Tiana" es también el regreso al musical, pero no al tradicional estilo de Broadway, sino que, dada la ambientación en Nueva Orleans, su "sonido natural" es jazz, blues, gospel y zydeco.

-EFE-