A los 17 años, Malala se convirtió años en la Premio Nobel de la Paz más joven de la historia.
A los 17 años, Malala se convirtió años en la Premio Nobel de la Paz más joven de la historia. | Fuente: EFE

Malala Yousafzai regresó este jueves a su natal, Pakistán, tras casi seis años sin pisar su país luego de que en 2012 un talibán le pegó un tiro en la cabeza por criticar el régimen de Tehrik-i-Taliban (TTP). Entre lágrimas y reivindicando el rol de las mujeres, la premio Nobel de la paz llegó junto a su familia.

La activista feminista no pudo evitar que se le escaparan lágrimas en un discurso televisado, tras llegar de madrugada entre fuertes medidas de seguridad y una agenda de cuatro días mantenida en secreto para evitar amenazas. "Siempre ha sido mi sueño venir a Pakistán en paz y sin miedo, andar por las calles, reunirme y hablar con la gente", afirmó Malala secándose las lágrimas.

"Y está ocurriendo. Es el mejor día de mi vida, es un sueño", subrayó la joven de 20 años que estudia Filosofía Política y Económicas en la universidad británica de Oxford. Envuelta con un tradicional shalwar khameez y un pañuelo, la joven habló en urdu, pastún e inglés ante un público formado por parlamentarios, políticos y diplomáticos ante el que reivindicó a la juventud del país y el papel de la mujer.

"Las mujeres también pueden ser superhéroes, empresarias... necesitan ejemplos", agregó la activista. Durante su discurso, indicó que es necesario invertir en la educación de los niños ya que son el futuro del país. Además dijo que su organización, el Fondo Malala, ha invertido más de seis millones de dólares en la educación de niñas en Pakistán. "Deseo que podamos unir nuestra misión para mejorar Pakistán, especialmente en el empoderamiento de la mujer", dijo la joven a un entregado público.

Los más conservadores en el país atacan a Malala porque la consideran una mala imagen del país.
Su libro "Yo soy Malala", superventas internacional publicado en 2013, ha sido prohibido por algunos colegios y universidades paquistaníes bajo ese pretexto.

El primer ministro paquistaní, Shahid Khaqan Abbasi recibe a la activista paquistaní Malala Yousafzai en Islamabad, Pakistán.
El primer ministro paquistaní, Shahid Khaqan Abbasi recibe a la activista paquistaní Malala Yousafzai en Islamabad, Pakistán. | Fuente: EFE

Empoderamiento temprano

Cuando tenía 14 años, Malala escribía en el blog de la BBC utilizando el seudónimo de ‘Gul Makai’. Ahí denunciaba las atrocidades sufridas bajo el régimen del Tehrik-i-Taliban (TTP), que tomó el control del valle de Swat, donde vivía la joven. Los talibanes prohibieron que las niñas estudiasen, que las mujeres no fueran ni al mercado y asesinaron a numerosos oponentes.

El 9 de octubre de 2012, Malala fue víctima de un atentado en Mingora, en el noroeste del país, cuando dos miembros del TTP se aproximaron al vehículo escolar en el que se encontraba Malala y le dispararon con un fusil, alcanzándola en el cráneo y en el cuello.

Después de ser trasladada a un hospital de Rawalpindi, cerca de la capital del país, la adolescente fue llevada aún inconsciente al Reino Unido, donde fue tratada de sus heridas y reside con su familia.

En 2013, Malala y su padre, Ziauddin, crearon una fundación para concienciar acerca del impacto social y económico que tiene la educación de las niñas.

Un año después, se convirtió a sus 17 años en la Premio Nobel de la Paz más joven de la historia, galardón que compartió con Kailash Satyarthi, activista contra el trabajo infantil en la India. (Con información de EFE y AFP).