Nicolás Maduro fue reelegido para un segundo mandato de seis años (2019-2025). | Fuente: EFE

Muchos apostaban a que caería. Pero Nicolás Maduro, protagonista de la peor crisis de Venezuela en su historia moderna, demostró estar dispuesto a todo para perpetuarse, aun a costa de ser tildado de dictador.

Está casado con la exprocuradora Cilia Flores, a quien llama "primera combatiente". Es padre de "Nicolasito", miembro de la Constituyente de 28 años, fruto de un matrimonio anterior.

Corpulento exchófer de bus de 56 años, con negro bigote, comenzará este jueves un segundo período de seis años desconocido por la oposición, Estados Unidos, la Unión Europea y varios países latinoamericanos. Promete que ahora sí habrá prosperidad, pese a que durante su gobierno, iniciado en 2013, el tamaño de la economía de la otrora rica nación petrolera se redujo a la mitad.

Sucesor de Hugo Chávez

Exsindicalista, Maduro recibió el peso de reemplazar a un Hugo Chávez (1999-2013) que se mostraba "insustituible" y, en principio, proyectó baja autoestima, dijo a AFP el politólogo Luis Salamanca. "Ese Maduro ya no existe. Chávez es un recuerdo lejano", sostiene.

Chávez, a quien conoció en 1993, lo consideraba un "revolucionario"; pero opositores y excamaradas lo acusan de enriquecer a empresarios amigos y a la cúpula militar. Sin el carisma de Chávez, Maduro intentó imitarlo con largas apariciones televisivas y retórica populachera y antiimperialista, pero fue construyendo una imagen propia.

Se dice "obrero", conduce su camioneta, se burla de su mal inglés y de quienes lo llaman "Ma'burro"  y es muy activo en redes sociales. Se declara católico y de adolescente fue guitarrista de una banda de rock. Sus opositores aseguran que nació en Colombia, pero jura ser caraqueño.

 

Venezolanos en contra de nuevo mandato de Nicolás Maduro. | Fuente: AFP

"Ni con votos ni con balas"

Nicolás Maduro ganó la presidencia por muy poco, en abril de 2013, frente a Henrique Capriles. Dos años después sufrió un duro revés cuando la oposición arrasó en las parlamentarias, lo que marcó un quiebre. "Ni con votos ni con balas volverán a Miraflores (palacio presidencial); no nos ganarán más nunca una elección", advierte desde entonces.

Con influencia en todos los poderes del Estado, logró que la justicia anulara al Parlamento al declararlo en desacato, bloqueara un referendo revocatorio y encarcelara o inhabilitara a adversarios.

Desde agosto de 2017 gobierna con una Asamblea Constituyente de poder absoluto que sustituyó en la práctica al Legislativo, adelantó las presidenciales para el 20 de mayo pasado y cambió las reglas electorales. Aduciendo que era un proceso fraudulento, los principales partidos opositores se marginaron, dejando el camino libre para que Maduro triunfara con 68% de los votos y la mayor abstención en seis décadas.

Una Venezuela colapsada

Bajo su presidencia, Venezuela vivió protestas con unos 200 muertos, sanciones internacionales y una radicalización de la "revolución bolivariana". Su rechazo llega a 80%, según la encuestadora Delphos.

Sus adversarios lo acusan de destruir la Constitución y la economía y de ser un "dictador" sostenido por los militares, a quienes otorgó poder en todos los frentes y considera la "columna vertebral" del país.

"Me resbala que digan que soy un dictador", afirma Maduro, quien el pasado 4 de agosto denunció un intento de asesinato de opositores luego de que dos drones con explosivos estallaran cerca de una tarima donde encabezaba una parada militar.

(Con información de AFP)


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