Algunos trabajos mostraron cierta predisposición del grupo A a una mayor severidad en poblaciones pequeñas. Sin embargo, estudios con poblaciones más extensas descartaron esa relación.
Algunos trabajos mostraron cierta predisposición del grupo A a una mayor severidad en poblaciones pequeñas. Sin embargo, estudios con poblaciones más extensas descartaron esa relación. | Fuente: Freepik

 

A lo largo de estos dos años de pandemia se ha producido una descomunal cantidad de información científica sobre la covid-19. Entre esta información muchos estudios tratan de encontrar factores que expliquen la mayor o menor susceptibilidad a padecerla de una forma grave o letal. Muchos de estos estudios intentan encontrar una relación genética entre la respuesta a la infección por el virus con mayor o menor fortuna. En mi opinión, con menos fortuna que acierto.

Relacionar la expresión de los genes y de sus diferentes formas (alelos) con el padecimiento de determinadas enfermedades no es tarea fácil. En el caso de enfermedades claramente asociadas con mutaciones que afectan a proteínas esenciales para ciertas actividades celulares, sí es posible establecer una relación entre la enfermedad y la pérdida de función de esa proteína.

Sin embargo, para otras muchas patologías no relacionadas con la actividad directa de una proteína, establecer esa relación es más bien forzado. En estos últimos casos, nos movemos más en el mundo de la probabilidad o la casualidad que en el de la certeza científica.

¿Causalidad o casualidad?

Por eso me llama mucho la atención la gran cantidad de estudios que han intentado encontrar una relación entre la infección vírica causada por el SARS-CoV-2 y haber nacido con una dotación de genes determinada, o con la expresión de una determinada proteína.

Es cierto que algunas investigaciones han descubierto disfunciones en la expresión de genes implicados en la respuesta inmunitaria que predisponen a una respuesta más inflamatoria o incluso mutaciones en ciertos genes que dan lugar a respuestas inflamatorias agudas, como la tormenta de citoquinas asociada con la covid-19. Hasta ahí, muy lógico.

Sin embargo, otros estudios se han centrado en características difícilmente relacionables con la infección vírica o la respuesta inflamatoria. Y ese es el caso que estos días han resaltado los medios hablando de la supuesta correlación entre tener un grupo sanguíneo y padecer la covid-19 de una manera más o menos grave.

La realidad es que el estudio al que se refieren, publicado en Plos Genetics, no indica eso exactamente. Sus autores solo han encontrado que según la expresión del gen AB0 aumenta entre un 5 a un 10 % la posibilidad de necesitar hospitalización, y entre un 8 a un 16 % la de necesitar respiración asistida. Sin embargo, los propios autores del estudio indican que no pueden llegar a determinar a qué grupo sanguíneo en concreto afecta.

¿Por qué tenemos diferentes grupos sanguíneos?

Para entender el significado de los resultados de este estudio primero hay que entender qué implica tener un grupo sanguíneo determinado. El grupo sanguíneo se basa en el sistema ABO, que hace que las células rojas de la sangre (los eritrocitos o hematíes) presenten en su membrana celular unos determinados antígenos. Estos antígenos no son proteínas sino azúcares pegados a las proteínas.

El gen ABO incluye la información necesaria para producir una enzima que tiene actividad glucosiltransferasa, que es la que une esos azúcares a los hematíes. Y hay varios alelos o variantes de ese gen.

Pues bien, para cada gen tenemos dos alelos, uno procedente de nuestra madre y el otro de nuestro padre. En este caso, quienes tengan alelo A pueden ser del grupo A o AB dependiendo de lo que exprese el otro alelo. Y viceversa, quienes tengan el alelo B pueden ser del grupo B o AB.

Profundizando un poco más, el alelo A hace que a la membrana del hematíe se unan residuos del azúcar N-acetil-galactosamina, mientras el alelo B codifica una enzima que transfiere azúcares del tipo galactosa. Es decir, la diferencia entre las personas del grupo A y del grupo B es la presencia de azúcares de un tipo u otro (o de ambos, para el grupo AB). El tercer alelo, el alelo O, presenta una mutación que da lugar a una proteína diferente y que no puede transferir ningún azúcar. Por eso las personas del grupo 0 no presentan ninguno de estos azúcares unidos.


Grupo sanguíneo y covid-19

Analizar simplemente el gen AB0 por sí solo, como se ha hecho en este estudio, no nos indica absolutamente nada sobre la influencia del grupo sanguíneo en la covid-19. Simplemente es una más de las múltiples correlaciones entre genes y enfermedad tras un enorme trabajo bioinformático. Los autores del estudio no han relacionado ningún alelo específico con la enfermedad. Establecen que puede ser el grupo A el más afectado porque en la población estudiada hay más personas de este grupo, pero es pura especulación.

En este mismo estudio también se analizan otros genes que codifican proteínas que actúan en procesos metabólicos de lípidos y azúcares, pero sin relación con infecciones o procesos inmunitarios. Aunque los medios no se han hecho eco de ellos, seguramente porque establecer una posible relación entre la enfermedad y estos genes es muchísimo más complejo.

Otros intentos de vincular el grupo sanguíneo y el desarrollo de la covid-19 tampoco han dado fruto. Algunos trabajos mostraron cierta predisposición del grupo A a una mayor severidad en poblaciones pequeñas. Sin embargo, estudios con poblaciones más extensas descartaron esa relación.

También hay investigaciones que muestran un ligero aumento del riesgo de infección en el grupo A y cierto papel protector del grupo 0. Pero esos mismos estudios indican que estas y otras diferencias estadísticas se pueden deber a que la población estudiada presenta un mayor número de personas del grupo A que del resto de grupos.

En definitiva, podemos decir que, a fecha de hoy, los estudios científicos no muestran una relación concluyente entre la gravedad de la covid-19 y el grupo sanguíneo con el que nacemos. Esta falta de relación es totalmente lógica si tenemos en cuenta que el grupo sanguíneo no tiene nada que ver con la forma en la que el virus infecta o afecta al organismo.The Conversation

Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.