Los diablicos de Túcume, unos diablos bien diablos

Luego de participar en Ecuador en un certamen cinéfilo, la danza de los Diablicos de Túcume enrumba ahora hacia la ciudad de Cochabamba en la hermana república de Bolivia.
Cortes

En Bolivia el documental “Los Diablicos de la Virgen” del distrito lambayecano de Túcume ha sido seleccionado por el Goethe Institut para participar en el Talent Doc 2013 a desarrollarse en la ciudad boliviana de Cochabamba.

Y justo esta danza hace poco fue declarada como Patrimonio Cultutal de la Nación por el Ministerio de Cultura, a través de la Resolución Viceministerial 034-2013-VMPCIC-MC.

Los antropólogos indican que la danza de los Diablicos que se puede ver durante la procesión de la la Virgen Purísima, patrona de Túcume, que se celebra en los meses de febrero y setiembre, es una representación que era originalmente parte de la procesión del Corpus Christi y luego pasó a un segundo plano ante la extraordinaria importancia que cobró el culto a la Virgen de la Purísima Concepción.

En la resolución viceministerial se destaca que, por lo general, la figura del diablo es muy importante en las festividades religiosas porque escenifica al mal que se debe combatir y someter ritualmente para la redención de los fieles.

En Túcume, los Diablicos de Túcume, danzan al compás de una chirimáa y una caja, y forman un conjunto liderado por un capataz o luzbel. Los cojuelos son personas que en la danza cumplen la función de abrir paso para que los danzantes diablicos, que pueden superar el medio centenar, realicen su representación festiva, la misma que proviene de antiguas obras teatrales o representaciones que los colonizadores implantaron como una forma de adoctrinamiento.

En Túcume se hace la representación de los siete vicios, una lucha del mal, representado por los diablicos, con el bien, representado por un ángel.

En el libro A Golpe de Arpa el lambayecano de Augusto León Barandiarán y el illimano Rómulo Paredes en 1935 tratando de explicar la razón de la afición por el baile en Lambayeque, decían: "Nosotros, los lambayecanos, hemos bailado siempre. Cuando servíamos las chichas a nuestros curacas, el "cachaspariz",con la caja; cuando le pagábamos el tributo de nuestro oro y de nuestras vidas a Almagro, el paspié o el ondué, al son de la guitarra española; cuando el virrey Toledo nos mandaba fusilar, por el delito de no querer ser más esclavos, el minutero y la danza, al golpe de salterio o de la viola; cuando nos vimos metiditos a gente libre, la mazurka y el valse, con algún clavicordio; ya más modernizados, nos agarramos el "abrazau", con banda de músicos; y en la actualidad, ya con todas nuestras mañas encima, nos enredamos con la marinera, a la bulla del arpa y del cajón.

Los antropólogos puntualizan que la Danza de los Diablicos de Túcume es una manifestación artística que proviene de la tradición cristiana de la Colonia y que debido a su trascendencia y atractivo, que han permanecido a través de los siglos en nuestra región por el esfuerzo de muchas personas, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura.

“Las coloridas y elaboradas máscaras de los danzantes representan las características grotescas, sobredimensionadas y no humanas del mal, que en su enfrentamiento con el bien, en vistosas coreografías, es vencido para algarabía del género humano”, según relata Alfredo Narváez, investigador de este tipo de manifestaciones culturales.

Por: Juan César Cabrejos Becerra

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