Pandemia, desastre ambiental y polarización
Pandemia, desastre ambiental y polarización | Fuente: Foto: Minam

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En la evolución de las sociedades sucede con frecuencia lo mismo que pasa en la vida personal: la alternancia de períodos en los que se avanza y de períodos llenos de obstáculos y carentes de un objetivo movilizador. Nos resulta por ahora imposible ponderar el efecto que el largo tiempo de la pandemia tiene sobre nosotros y ha tenido sobre los resultados electorales.

La limitación de las relaciones personales, la coexistencia forzada durante horarios inusuales, la privación de actividades recreativas, las perturbaciones del sueño, el riesgo de perder el trabajo, el temor a ser infectados y la presencia global de la muerte han creado un contexto de vida que afecta nuestras emociones, nuestro umbral de tolerancia y la claridad de mente para reconocer lo útil y lo viable.

El penoso derrame de petróleo en la costa de Ventanilla estropea la celebración del aniversario de la fundación española de Lima. Y vuelve a poner en escena el espectáculo que conocemos desde tiempos inmemoriales: nadie asume responsabilidades, todos señalan con vehemencia y simplificación que la culpa es de otros.

Ni la empresa Repsol ni las instituciones del Estado nos han rendido cuentas con rigor de las condiciones que han conducido a un daño ambiental sin precedentes en Lima, con afectación de playas sumamente concurridas y de reservas naturales que deberían promover la conciencia a la vez de la belleza y la fragilidad de la vida. Como si no tuviéramos ya suficientes desgracias, el lunes 17 hemos vuelto a superar el número de cien muertos como consecuencia del COVID-19.

La exaltación política y la voluntad de destruir al adversario no sirven para resolver nuestros problemas. Nos hace falta objetivos compartidos y ellos solo surgen de la voluntad de diálogo entre personas que reconocen sus desacuerdos.

Las cosas como son