Rolando Gonz

Han transcurrido más de 2 años desde que se inauguró una de las obras más esperadas, comentadas y discutidas de la ciudad de Trujillo (La Libertad), un proyecto que, en su momento, generó un ardoroso debate público de grandes proporciones.

El Paseo Peatonal del céntrico jirón Pizarro recibió tantos aplausos como cuestionamientos, pues a pesar de ser reclamado por los entendidos en el tema turístico, suscitó el rechazo de algunos operadores de negocios de la zona, preocupados frente a un temido desbande de los clientes que ya no podrían circular en vehículos.

El tiempo pasó y hoy por hoy las 5 cuadras que lo conforman, con su piso de adoquines y sus piletas de agua, resultan ser atractivos indesligables de la riqueza histórica trujillana, imposibles de ignorar por quienes visitan la urbe y anhelan empaparse de los elementos distintivos de la ciudad norteña.

Agregando otro punto adicional a su beneficio turístico, el Paseo Peatonal ha permitido poner en valor a las construcciones, coloniales o no, que se levantan imponentes en pleno centro y cuyo precio de alquiler y venta se ha elevado.

Jóvenes briosos y adultos sosegados, artistas soñadores y acuciosos abogados; todos confluyen en esta zona en la que es fácil encontrarse con algún personaje público o, quizá, con aquel amigo ausente por años.

Flanqueado por innumerables y tradicionales negocios, el Paseo Peatonal del jirón Pizarro es el sitio de reunión ideal para muchos por su variada oferta culinaria, con una inusitada diversidad que hasta parece comprender el tamaño de los bolsillos.

Así, un accesible pero no menos contundente sándwich de pavo en el añejo bar El Rosado, será una opción tan válida como la de saborear un platillo servido con algo más de pompa en el prestigioso restaurante Demarco. Al fin y al cabo, de precios y sabores, los hay para todos los gustos.

Pero como no solo de pan vive el hombre, la verdad es que en el jirón Pizarro es factible hallar hoteles, casinos, bancos y tiendas para venta de todo tipo de artículos, al gusto del eventual consumidor. También con oferta cultural y al aire libre.

Recorriendo paso a paso su área, es inevitable pensar si la impresionante inversión del proyecto, calculada en un millón 300 mil soles, justifica sus beneficios. 

La interrogante es importante tomando en cuenta las recientes críticas al sistema de drenaje, el estado de las piletas y la ausencia de áreas verdes en la zona. 

Seguramente, las opiniones al respecto serán divergentes, pero todas llegarán a una insoslayable conclusión: el Paseo Peatonal de Pizarro es ya una realidad, como lo es en las ciudades más importantes del país.

Si Lima tiene al Jirón de la Unión y Arequipa el Paseo Mercaderes, pues Trujillo cuenta con el Paseo Peatonal del jirón Pizarro, y lo mejor será disfrutarlo pero exigiendo a las autoridades locales su constante cuidado y promoción.

Por: Davinton Castillo

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