El presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon, opinó hoy que la propuesta del alcalde de Surquillo, Gustavo Sierra, para llevar un padrón de adictos y legalizar la venta de drogas en la farmacia "es de mal gusto", al considerar que incentiva la drogadicción.

"Estoy totalmente en contra", señaló Simon en declaraciones a la prensa, según detalla la agencia EFE.

Como se recuerda, Sierra anunció este jueves que elaborará una iniciativa legislativa para que el Ministerio de Salud (Minsa) cree un padrón de adictos, con el objeto de que puedan adquirir legalmente drogas en las farmacias autorizadas.

La propuesta del alcalde, que puso como ejemplo el caso de Holanda, donde se despenalizó el consumo de marihuana, contempla reducir gradualmente las dosis hasta lograr la rehabilitación de los pacientes en un plazo máximo de un año.

Sierra recordó que si bien la ley peruana permite portar hasta ocho gramos de marihuana, dos de cocaína y cinco de pasta básica; el adicto acude al mercado negro para abastecerse de estas sustancias y así "empieza la gran cadena de narcotráfico".

Al respecto, el presidente de la  Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA), Rómulo Pizarro, dijo hoy que no se puede controlar el consumo de drogas dándole más estupefacientes a los adictos, al destacar la eficiencia de las políticas de prevención.

"Si su propuesta es que se trate a los que son adictos, eso es importante, pero si solo vamos a llevar una relación de las personas que son adictas a las drogas, ¿cómo se controla su consumo? ¿Dándoles más drogas?", se preguntó.

El debate sobre la polémica propuesta de legalización de la venta de drogas coincide con la inauguración de la "XXIV Conferencia Mundial de Comunidades Terapeúticas: una Alternativa de Desarrollo Humano y Social", que se celebra en Lima hasta el próximo martes con la participación de expertos y científicos de 42 países del mundo.

En la apertura del evento, el presidente Alan García instó a los políticos, terapeutas y educadores del país a trabajar para revertir los altos niveles de insatisfacción personal que empuja a los ciudadanos a suplir sus carencias emocionales con sustancias prohibidas.

"La política debe retomar su capacidad organizativa, de encandilamiento a través del ejemplo, con metas que devuelvan el orgullo, autoestima y fortaleza moral a las personas y a las multitudes", dijo el jefe de Estado.