Rául Vargas conversó con Sonaly Tuesta en un nuevo episodio de Fuera de Serie.
Rául Vargas conversó con Sonaly Tuesta en un nuevo episodio de Fuera de Serie. | Fuente: RPP Noticias

Sonaly Tuesta es una periodista conocida en el Perú desde hace 17 años como la conductora del programa Costumbres en el canal del Estado. A través de sus viajes a las comunidades más remotas y tradicionales del país, acerca a los peruanos de todo tipo de origen y condición y busca que estos se reconozcan en el otro. El año pasado venció un agresivo virus que hizo temer lo peor y despertó una ola de solidaridad a su favor, tras lo cual retomó su programa y su incansable recorrido por la diversidad peruana. Raúl Vargas conversó con ella en nuevo episodio de Fuera de Serie.

Has estado protegida por una familia y por un talento especial en conocimiento y profundización del Perú, pero una cosa de las que me interesan es que has pasado por una situación muy difícil, una enfermedad muy complicada.

Si, muy difícil. Fue uno de los viajes más alucinantes y extraños que he podido tener, pero cuando uno se detiene y comienza a entender, se da cuenta que es un aprendizaje. Lo que aprendí en estos terribles y, sobre todo, inciertos momentos –porque no sabíamos de qué se trataba y si se podía detener- fue lo protegida que estaba. Estaba protegida por mucha energía buena de gente que no pensé que podía tenerme tanto cariño.

Todo el país estuvo muy preocupado.

Sí. No fue una preocupación de decir solamente “Ay, pobrecita, ojalá se cure”, sino de actos. Tengo imágenes memorables de amigos que vinieron con un manto da la Virgen de Yauca, un sudario del Señor de Luren (ambos de Ica) a visitarme en la clínica. Gente que hizo cadenas de oración, misas, que se reunió en casa y rezó para que me vaya bien. Desde otras energías también, se hizo pagos a la tierra, se usó la hoja de coca.

¿Cómo nace tu vocación? De tu biografía me llama la atención la formación de tu padre y que desde muy temprano tuviste una inquietud por el periodismo.

Cuando vivíamos en Amazonas mi papá era profesor. Se esforzaba muchísimo y nos mantenía al tanto de cosas para leer. Recuerdo que desde antes de aprender a hacerlo ya tenía la colección del Tesoro de la juventud y mi papá me dejaba hacer lo que quería con el libro. No sabía leer, pero comencé a imaginar lo que decía con las fotos. Allá no llegaba el periódico diario, solo el del fin de semana, pero mi papá no sé cómo hacía y lo conseguía. Hubo una época en la que coleccionaba avisos de cine, que eran muy bonitos y salían en el diario El Comercio. Comencé a interesarme por las lecturas, por todo lo que me daba él.

Además de contar historias, me daba a leer cosas de grandes como [Arthur] Schopenhauer (importante filósofo alemán del siglo XIX), materialismo dialéctico. Era complejo, pero lo tomábamos de manera divertida. Cuando llegó la televisión, nos hizo ver noticieros. Yo me sentaba siempre a las 8 de la noche y según yo, anotaba las noticias más importantes y la fecha en un cuaderno.

Tempranamente ya te estabas dedicando a la clasificación noticiosa.

(Risas) Era una locura. Allí recuerdo que mi mamá me dijo, al ver a la señorita que leía las noticias, que le gustaría que algún día yo también lo haga. Yo me dije que no solo quería leer, sino contar cosas. Debía haber alguna manera. Entonces me dije que quería ser periodista. Mi papá no entendía la carrera. Él quería que estudie algo para doctorarme, como derecho, pero cuando llegó el momento, ante las limitaciones económicas, supe que debía estudiar lo que quería. Se lo dije y al principio se molestó un poquito, pero nunca dejó de apoyarme y de soñar conmigo. Creo que él, mi mamá y yo, juntos, hicimos mi carrera.

Allí hubo una convivencia con otros jóvenes, con otros niños, con profesores. El carácter en la naturaleza de la provincia es importante. Uno tiene un sentido de protección y de hogar más amplio.

Totalmente. El sueño lo compartimos todos. Yo estudié en el Colegio Nacional de Señoritas Virgen Asunta, en Chachapoyas, hasta el tercero de secundaria y todas teníamos sueños que compartíamos. Lo que queríamos en ese momento, a los 12 o 13 años, es lo que ahora hacemos. Tuvimos profesores y profesoras muy dedicadas, muy comprometidas y muy motivadoras. La de Literatura entraba al salón y era regia. Cuando terminaba la clase quería ir a escribir y leer más para volver, decirle “señorita Vicky, mire lo que avance” y que me diga que estaba bien. Influyó muchísimo en nosotras.

VIAJE POR LA DIVERSIDAD

Luego llegan momentos en los que uno se pregunta por la naturaleza del Perú y sus características. Somos un país muy diverso y eso se expresa en la cultura, los bailes, los escritores. ¿Cuánto de la representación del Perú resulta problemática, pero incitadora?

Es interesante, pero también es muy compleja. La desigualdad es terrible y somos un país muy desigual, pero también somos diversos. Yo creo que en esa diversidad hay magia y fuerza para el desarrollo. Cuando vivía en Amazonas no sentía esa desigualdad, me di cuenta cuando vine a vivir a Lima. Eso hizo que volviera mi mirada a la diversidad, que era tan hermosa. Sentí que ahí estaba la oportunidad de los peruanos de ser totalmente singulares. En mi zona tenemos una cosmovisión distinta y en el camino que emprendí con mi programa, a través de los años, he encontrado muchas otras. En esa diversidad, hemos logrado entendernos.

La visión múltiple del Perú se produjo en diversas etapas y siempre en función de educadores. La educación ha sido el gran instrumento de integración y de multiplicación del Perú, a contrapelo de lo que algunos sectores no están dispuestos a aceptar.

Es mucho más complejo ser diverso. Exige mayor solvencia cuando uno observa y decide. Es más fácil decidir darle algo a quienes son de un lugar y de una forma, pero si allí hay todavía diversidad, hay que tratar de entenderla para lograr avanzar.

Y librarse de prejuicios.

Exacto. Lamentablemente hay estereotipos, pero creo que se han ido evitando. No hemos madurado lo suficiente, pero creo que hemos avanzado. Ahora nos reconocemos un poco más. La gente a veces se ata con ciertas cosas y no quiere dar el paso para conocer el saber del otro, sea de la procedencia que sea.

COSTUMBRES PERUANAS

Gran parte de tu actividad ilustrativa está referida en la duración de tu programa, Costumbres: 17 años. Es impresionante. Cuando lo vemos nos identificamos con un Perú múltiple y asumimos que cada fiesta, cada sitio, cada creación, es igualmente significativa y enriquecedora. ¿Qué sientes que ha realizado esta producción?

Creo que mi programa ha contribuido un poco a que los peruanos y las peruanas asuman su diversidad y se reconozcan en la costumbre del otro. Al principio hubo cierta mirada de “¿por qué no pasas pueblos más conocidos?”, “¿por qué no sale algo más comercial?”. Lo interesante es que el programa se mantiene buscando esos pueblos que nadie conoce. No era necesario un espacio para seguir hablando de lo mismo. Se ha ido mostrando eso y la gente ha reconocido en esa profundidad del Perú una oportunidad de reconocerse a sí misma. Me comentan que no sabían que tal cosa había en el Perú y que se sienten orgullosos. Ya no sienten lejano al otro, sino como parte de su propia vida, parte de su universo.

Lo mismo ocurre, imagino, con las comunidades que salen en Costumbres. Veían el programa y se veían a ellos mismos y sentían orgullo.

Sí, es algo bien lindo. Al principio, cuando llegaba, decían que tenían que limpiar y “¿cómo vamos a salir así?”. Ahora me dicen que vaya nomás, me hacen entrar a la cocina y me dan comida. Hay mucha confianza. Esa horizontalidad ha permitido que se dé ese vínculo y cuando lo nota en la televisión, comienza a entender esas historias y comienza también a escribir las propias.

La primera cosecha de tu éxito ha sido cómo la gente te ha querido y ha comenzado a tomarte como ejemplo y cómo símbolo. En el caso de tu enfermedad, la movilización nacional fue muy sentida y realmente auténtica.

Creo que ahí me di cuenta de que fue muy importante seguir adelante con este compromiso. Dedicarme y estar pendiente del vínculo con la gente provocó esa muestra de cariño que voy a agradecer eternamente.

Muchas de esas ceremonias son religiosas, pero también utilitarias. Son homenajes a la tierra, el agua, cosas que van a ayudar a la población.

Sí, es muy interesante, eso sobrevive hasta hoy. Las fiestas del agua, por ejemplo, se hacen para que los campos reciban el agua que necesitan y puedan producir lo que la gente requiere para vivir. Esos detalles todavía se mantienen. Son increíbles y son los que más nos conectan de forma especial con el Perú.

¿Alguna anécdota de tus viajes? Deben ser una multitud (risas).

(Risas) Sí, la gente es súper amable. Estuve hace poco en Quipán, en las alturas de Canta (Lima). Las despedidas son siempre emotivas. Bailamos hasta las afueras de la comunidad, fue de esas despedidas que no quieren terminar.

Sonaly Tuesta creció en Chachapoyas, capital de Amazonas. Su padre y sus profesores fueron influencias fundamentales en su interés por la cultura.
Sonaly Tuesta creció en Chachapoyas, capital de Amazonas. Su padre y sus profesores fueron influencias fundamentales en su interés por la cultura. | Fuente: RPP