"Sabíamos que cualquier decisión que tomáramos iba a contentar a algunos y enfurecer a otros", ha dicho el director J.J. Abrams. | Fuente: Lucasfilm

Star Wars: El ascenso de Skywalker" es el noveno y último episodio de esta saga que inició el director George Lucas a fines de los años setenta. En tres películas, Lucas construyó una mitología alrededor de personajes como Luke Skywalker, Darth Vader, la Princesa Leia, Han Solo, Chewbacca, el maestro Yoda y los droides C3PO y R2D2. Un universo donde la Fuerza estaba en el centro de la lucha del bien contra el mal, de los legendarios Jedis versus los malvados Sith. Varios años después, en 1999, el mismo Lucas se encargó de iniciar con poca fortuna una trilogía de precuelas. En esta última década, cuando Lucasfilm fue comprada por Disney otra vez, se comenzó una trilogía de secuelas para concluir esta larga historia, una máquina de hacer dinero donde las decisiones comerciales terminaron siendo dominantes sobre las creativas. Tratar de que las seis películas calcen y sean coherentes con lo contado en las tres cintas originales causó un caos más grande que la Estrella de la Muerte.

El gran misterio de esta nueva trilogía ha sido cuál es el origen de Rey (Daisy Ridley), la nueva heroína de la saga, por qué está tan conectada con la Fuerza, por qué tiene los poderes de un Jedi. La tarea del “El ascenso de Skywalker”, dirigida por J.J. Abrams, era responder a eso. Aunque en "Los últimos Jedi" ya se nos había dicho que sus padres eran personas comunes, que ella no tenía ninguna filiación con la familia Skywalker, quedaron muchas dudas. ¿Era posible que la Fuerza en verdad pudiera estar en cualquier persona no solo en seres especiales? Era una idea poderosa para seguir explorando, pero como a muchos fans no les gustó ese cambio tan radical tuvieron una solución para animar el final: traer de vuelta a Palpatine, emperador y líder máximo de los Sith que ya estaba muerto, sin una historia previa en los episodios 7 y 8. Gran error

¿Se necesitaba de este villano? No. Esta decisión se trajo abajo el poder que había ganado el antagonista de esta trilogía, Kylo Ren (Adam Driver), en el episodio anterior. "Los últimos Jedi”, dirigida por Rian Johnson, fue una historia distinta porque tomó riesgos, porque no se apegaba al formato de todo lo anterior -uno notaba la mano de un autor- y porque en especial tenía grandes picos de emoción, todo de lo que carece "El ascenso de Skywalker".

Con más de cuatro décadas alimentando la cultura pop, había muchas expectativas sobre este episodio de "Star Wars", y aunque es una historia en general entretenida en la que nuestros héroes buscan un artefacto que podría llevarlos al mundo oculto de Palpatine, se siente apresurada y como un capítulo para corregir todo lo que fue impopular en “Los último Jedi”. Y en el camino de corregir han surgido nuevas preguntas sin responder, ya no importó desarrollar hechos previos, y personajes importantes como Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac) llegan a un final anodino.

Parece que toda esta trilogía no tenía una línea argumental sólida, sino que solo reaccionó al gusto de los fanáticos, y se borraron y se reescribieron cosas para cumplir con la fórmula “Star Wars”, ya sin intrigas ni sorpresas, pero sí con confusión. Es un producto para no quedar mal con nadie, pero poco inspirado, salvo por algunas imágenes impactantes visualmente o que apelan a la nostalgia.  No hay otra forma de explicar por qué la batalla final de esta película es tan aparatosa, chirriante y genérica.   

 

Valoración: 2.5/5

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