Payasos asesinos en el cine | Fuente: Composición

Una prominente sonrisa puede demostrar alegría, pero también disfrazar una profunda tristeza o los más desquiciados propósitos. Casi como una máscara. Este gesto, que casi siempre asociamos con la felicidad, encuentra en el payaso uno de sus mayores representantes. Se trata de un personaje que utiliza abundante maquillaje, peluca colorida, holgada vestimenta y, sin importar por qué, está siempre riendo. Sin embargo, su extravagante figura causa temor a muchos niños y adultos. Por eso, no es extraño que el cine haya aprovechado ese miedo para crear el arquetipo de payaso asesino.

Uno de los casos más emblemáticos es el Guasón, quien, a diferencia de otros perturbadores antagonistas, tiene un pasado oculto y no esconde sus ideas psicópatas. Pese a ser un personaje clave en el universo de los cómics, su protagonismo en la producción fílmica siempre fue secundario, subordinado a la historia principal de Batman. Hasta ahora, por supuesto.

Gracias al director norteamericano Todd Phillips (“Hangover”), realizada por encargo de DC Comics, el próximo lanzamiento de “Joker” promete una historia centrada por fin en uno de los villanos más peligrosos y complejos del cine. Para su interpretación, se convocó a Joaquín Phoenix (“Her”, “The master”, “Two lovers”), uno de los mejores actores en la actualidad. Y aunque la película siga en rodaje, su primer tráiler ha levantado una gran expectativa.

Como preámbulo al pronto estreno de “Joker”, vale preguntarse qué otros payasos asesinos resultan tan atractivos como el enemigo de Ciudad Gótica. Hay que sincerarse: el universo de películas en torno a la figura del payaso es amplio, pero existe una mayoría de producciones con resultados decepcionantes. Sin embargo, valdría rescatar tres títulos notables que logran transmitir un terror memorable. 

“31” de Rob Zombie

Rob Zombie, uno de los directores de terror más interesantes del momento, siempre se ha caracterizado por realizar films de contenido violento, como es el caso de “31”.  Aquí, un grupo de payasos secuestra a 5 personas días antes de Hallowen para llevarlas a Murder World, una especie de panóptico donde tendrán que sobrevivir durante 12 horas ante el acecho de unos payasos asesinos.

Con una estructura similar a “Saw” de James Wan, el séptimo largometraje de Zombie busca mostrarnos la desesperación de los protagonistas, logrando un efecto de incomodidad al espectador. Para ello, utiliza la cámara en mano a fin de registrar el desplazamiento de las víctimas, y también emplea planos detalles en las escenas de mutilaciones y dedica los primeros planos para desentrañar la psicología de los payasos asesinos.  

Entre estos últimos, destacan el enano nazi con acento argentino, los hermanos con motosierras que condensan el terror y la torpeza, y Doom-Hed (el genial Meet Richard Brake), quien con su intimidante mirada y frenética locura —trazada desde la escena inicial— brinda un monólogo inolvidable antes de asesinar a un sacerdote, que es, a la vez, un preludio de lo que veremos a lo largo de los 102 minutos de metraje.

“Balada triste de trompeta” de Álex de la Iglesia

La excentricidad marca las películas de Álex de la Iglesia. Allí están “Las brujas de Zugarramurdi”, “La comunidad”, “El bar”, títulos admirables que combinan terror y humor, y nos ofrecen personajes exquisitos, sobresalientes por su histrionismo y grandilocuencia. Sobre todo, en “Balada triste de trompeta”, filme que obtuvo el León de Plata a la Mejor Dirección y el Premio al Mejor Guion en Venecia.

Esta película nos muestra un mundo plagado de alucinaciones, extremismos y tristeza. La disputa entre dos payasos (uno feliz y el otro triste) por el amor de una acróbata se vuelve un juego de histérica obsesión, con resultados agresivos, sangrientos, atrapantes. No hay espacio para el sosiego, gracias a un montaje acelerado y un ambiente extravagante, capaz de removernos por su violencia.

Por otro lado, la fotografía de tonos marrones, verdes y azulados contribuye a barnizar la atmósfera de una tristeza afín a sus personajes. Los payasos de “Balada triste de trompeta” perturban; su presencia es capaz de perseguirnos hasta días después de vista la película.

“Poltergeist” de Tobe Hooper

Esta no es una película de payasos, sino sobre fenómenos paranormales (denominado Poltergeist) que acontecen en la casa de una familia conformada por una pareja de esposos y dos hijos. Aquí todo tiene vida propia: muebles movedizos, árboles que atrapan, televisores de los que emergen apariencias espectrales, vasos que se rompen solos. Y a pesar de que pueda parecer jocoso, el film se apodera de uno y nos extrae alaridos de terror.

Sin embargo, una de las presencias más extrañas y turbulentas es el payaso de juguete. Desde el inicio, esta figura, que debiera ser inocente, se torna amenazante. Luego cobra vida propia y ataca a uno de los niños. Es una de las escenas más tenebrosas, pues Hooper trabaja sobre nuestros temores infantiles: crea un payaso de colores chirriantes, con pómulos prominentes y cabello desbaratado, para jugar con el mito del monstruo debajo de la cama. Sin duda, un pasaje que escarapela el cuerpo.

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