¿Estamos preparados para un sismo de gran magnitud?

Un análisis de gestión pública nos indica que el Perú, efectivamente, está mejor preparado para enfrentar una pandemia que un sismo.

Alonso Cárdenas

Alonso Cárdenas

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La pandemia continúa desnudando las debilidades estructurales del Perú y de su precario sistema sanitario. Actualmente, de acuerdo con la data de la Universidad John Hopkins nos ubicamos quintos a nivel mundial en el rubro de personas contagiadas. Sin embargo, por increíble que parezca, la evidencia sugiere que el país estaría mejor preparado para enfrentar una pandemia que un sismo, veamos.

Hace once años, en abril del 2009, el Centro de Estudios y Prevención de Desastres (PREDES) y el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) publicaron un documento que señalaba que de producirse un sismo de gran intensidad en la ciudad de Lima habría 51 000 fallecidos, 686 000 heridos, 200 000 viviendas destruidas y 348 000 viviendas inhabitables. Una década después, en noviembre del 2019, el presidente Martín Vizcarra, en el contexto del Simulacro Nacional de Sismos, indicaba que un terremoto de 8.5 grados dejaría 110 mil muertos y 2 millones de heridos. A su vez, un movimiento telúrico de esa magnitud provocaría el colapso de unas 350 000 viviendas y gran parte de la capital se quedaría sin agua. En otras palabras, estaríamos ante el desastre más grande en la historia de América Latina.

Agencias internacionales también han reportado la extrema vulnerabilidad de la capital peruana. En el 2015, un estudio sobre 301 grandes ciudades, elaborado por la firma británica Lloyd’s, identificó que nuestra ciudad es la más expuesta del mundo ante un sismo de gran magnitud, calculando pérdidas de 35 mil millones de dólares. Es importante subrayar que Lloyd´s no considera en su estudio los daños ante un eventual tsunami.

En noviembre del 2019, el presidente Martín Vizcarra, en el contexto del Simulacro Nacional de Sismos, indicaba que un terremoto de 8.5 grados dejaría 110 mil muertos y 2 millones de heridos.
En noviembre del 2019, el presidente Martín Vizcarra, en el contexto del Simulacro Nacional de Sismos, indicaba que un terremoto de 8.5 grados dejaría 110 mil muertos y 2 millones de heridos. | Fuente: RPP

¿Qué ha hecho el Estado para enfrentar esta situación? Analicemos dos dimensiones, la adquisición de un sistema de alerta temprana y la gestión de los hospitales. Sobre el primer punto, luego de terremoto de México de septiembre del 2017, la entonces presidenta del Consejo de Ministros Mercedes Aráoz, anunció la adquisición de un sistema “lo más pronto posible”. En agosto del 2019, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) dio a conocer que el Perú contará en el 2021 con un sistema de alerta ante sismos. La apuesta es que para el simulacro programado para el 30 de mayo de 2021 el sistema ya esté funcionando.  Es decir, si todo marcha como se ha planeado, luego de cuatro años del anuncio de Aráoz, recién tendríamos funcionando el sistema.

La segunda dimensión y probablemente la más crítica tiene que ver con los hospitales. En junio del 2020 se hizo público que ningún hospital de Lima Cercado tiene vigente su Certificado de Inspección Técnicas de Seguridad en Edificaciones, es decir no cuentan con las condiciones mínimas de seguridad. En mayo del 2019, el Centro Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres de la Universidad Nacional de Ingeniería (CISMID-UNI) señaló que cinco hospitales de Lima colapsarían ante un sismo. Estos son Cayetano Heredia, Sergio Bernales, María Auxiliadora, Dos de Mayo y Arzobispo Loayza. Por increíble que parezca, dos de estos hospitales, Dos de Mayo y Sergio Bernales, fueron seleccionados como nosocomios COVID-19, para albergar posibles pacientes con el virus.

A manera de conclusión, podemos afirmar que es imprescindible mejorar nuestros niveles de gestión pública para salvaguardar el derecho  a la salud de las personas. Asuntos como la adquisición de sistemas de alerta, certificados de defensa civil entre otros deben ser asumidos con la mayor seriedad y celeridad. Un sismo de gran magnitud no puede agarrarnos desprevenidos, con la guardia baja.

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