Lecciones de Iraq para Venezuela

El análisis de por qué Washington mantuvo la cúpula chavista tras capturar a Maduro: evitar el caos de la posguerra en Iraq y garantizar un control mínimo frente al riesgo de una insurgencia armada.

Bandera de Venezuela.
Bandera de Venezuela. | Fuente: Unsplash

La captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas especiales de Estados Unidos ha abierto un debate sobre el futuro de Venezuela, su estabilidad y el impacto que esto podría tener en América Latina.

Una pregunta que flota en el aire es: ¿por qué Trump detuvo únicamente a Maduro y a su esposa y no a toda la cúpula chavista? Es importante recordar que figuras siniestras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, ministros del Interior y de Defensa, respectivamente, también están incluidos en las órdenes de captura de Estados Unidos. El senador y secretario de Estado, Marco Rubio, ha confirmado que ambos mantienen un “wanted status” por parte de Washington, aunque no fueron detenidos en la operación reciente por razones logísticas y estratégicas.

La clave, considero, está en la dimensión estratégica. Aquí es donde las lecciones de la Segunda Guerra del Golfo cobran relevancia. En 2003, una coalición internacional liderada por EE. UU. y apoyada por Reino Unido y Australia acusó al régimen de Saddam Hussein de poseer armas de destrucción masiva y de tener vínculos con Al Qaeda, acusaciones que luego no pudieron comprobarse. Tras bombardeos iniciales e invasión terrestre, el régimen de Saddam colapsó, dando paso a un gobierno de transición, la denominada Administración Provisional de la Coalición (CPA, por sus siglas en inglés).

La CPA fue, en esencia, un gobierno temporal impuesto por EE. UU., con autoridad para reemplazar al gobierno iraquí mientras se reorganizaba el país. Sus principales funciones fueron: i) Reconstruir instituciones políticas, económicas y sociales, y preparar elecciones futuras y ii) Desarmar y eliminar la estructura de poder del régimen de Saddam, incluyendo el ejército y los servicios de inteligencia.

Sin embargo, el desmantelamiento total del partido baazista generó un vacío de poder con consecuencias catastróficas. La disolución del ejército y de instituciones públicas dejó a miles sin empleo, alimentando la insurgencia. Además, las decisiones verticales de la CPA sobre privatización y apertura a la inversión extranjera fueron percibidas por gran parte de la población como impuestas por un gobierno de ocupación, lo que profundizó el descontento.

El resultado fue devastador: insurgencia armada, conflictos sectarios sangrientos y la posterior creación del Estado Islámico. El drama humanitario fue enorme: aproximadamente 600 mil civiles muertos, 5 mil soldados estadounidenses caídos y 4 millones de personas desplazadas. A nivel económico, la ocupación tuvo un costo que superó  los 1,4 billones de dólares.

Mi hipótesis es que Marco Rubio tomó nota de la experiencia catastrófica del vacío de poder en Iraq, así como de eventos como la caída de Gadafi en Libia o la retirada de Estados Unidos en Afganistán. Su apuesta era evitar un vacío de poder a toda costa; por eso dejó intacta la estructura clave de poder chavista: la presidenta interina Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez, liderando la Asamblea Nacional, y los citados ministros Cabello y Padrino. Este cuarteto asegura, al menos por ahora, el control de los centros reales de poder venezolanos, las fuerzas armadas y los colectivos chavistas; algo que la oposición liderada por María Corina Machado y Edmundo González no puede garantizar.

En conclusión, aunque exista la percepción de que el gobierno de Rodríguez es un títere de Trump, la realidad es más compleja. Si juega bien sus cartas, Rodríguez podría convertir su aparente debilidad en una fortaleza estratégica. Podría decirse que, en cierto sentido, hay una codependencia entre Delcy Rodríguez y Donald Trump: si el gobierno chavista implosiona, podrían surgir los fantasmas de desgobierno, violencia sectaria e insurgencia armada, con un costo político y humanitario catastrófico para Venezuela, Estados Unidos y América Latina.

NOTA: “Ni el Grupo RPP, ni sus directores, accionistas, representantes legales, gerentes y/o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma.
Alonso Cárdenas

Alonso Cárdenas Politólogo

Experto en políticas públicas en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Iberoamericana (México). Cuenta con un Magíster en Política Comparada por la London School of Economics (Inglaterra) y el Diplôme d'Etudes Françaises por la Universidad de Estrasburgo (Francia).

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