“Más del 70 % de las habilidades que buscan los empleadores hoy en día se utilizan tanto en trabajos automatizables como no automatizables. Esta superposición significa que la mayoría de las habilidades siguen siendo relevantes, pero cómo y dónde se utilizan evolucionará”
— Lareina Yee et al. - McKinsey Global Institute
Con el auge de la inteligencia artificial y la aceleración de la automatización de procesos, se ha instalado con fuerza la idea de un enfrentamiento inevitable entre humanos y máquinas. En este escenario casi distópico, la tecnología aparecería como una amenaza destinada a desplazar masivamente a las personas de sus trabajos.
La realidad es más compleja y también más interesante. Lo que ya estamos observando no es una sustitución total del trabajo humano, sino una reconfiguración profunda de los procesos productivos. Algunas tareas básicas requieren hoy menos intervención humana, pero, como anticipan diversos estudios internacionales, el futuro del trabajo no será de exclusión, sino de colaboración: alianzas entre personas, agentes de inteligencia artificial y robots, potenciados por una misma base tecnológica.
En esa línea, el estudio del McKinsey Global Institute titulado “Agents, robots, and us: skill partnerships in the age of AI” analiza el potencial técnico real de automatización en Estados Unidos y propone un cambio de enfoque clave: dejar de pensar en humanos versus tecnología y comenzar a pensar en ecosistemas de habilidades complementarias. El análisis, basado en horas efectivas de trabajo a tiempo completo y parcial, identifica qué tareas pueden ser automatizadas con la tecnología disponible hoy y cuáles seguirán requiriendo intervención humana. Sus conclusiones ofrecen señales claras de lo que, con distintos ritmos, también enfrentarán los mercados laborales de América Latina.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la automatización no elimina la mayoría de las habilidades actuales, sino que transforma su uso. McKinsey estima que más del 70 % de las habilidades que hoy buscan los empleadores seguirán siendo necesarias tanto en actividades automatizables como no automatizables. En otras palabras, las habilidades no desaparecen: evolucionan.
Competencias como la comunicación, la colaboración y la creatividad seguirán siendo centrales. A ellas se suman las habilidades de asistencia, cuidado y gestión emocional, cuyo valor se hizo aún más evidente tras la pandemia. En contraste, las habilidades vinculadas exclusivamente al procesamiento de información, tareas rutinarias o ciertos procesos de digitalización son las más expuestas al impacto del cambio tecnológico acelerado.
Este nuevo escenario plantea retos inmediatos. Las organizaciones deberán prepararse para gestionar transiciones complejas: capacitar a sus colaboradores, atraer talento con nuevas competencias, rediseñar procesos y aprovechar estratégicamente la interacción entre personas, agentes de IA y robots. En este contexto, la cultura organizacional deja de ser un elemento accesorio y se convierte en una herramienta estratégica para acompañar el cambio, reducir resistencias y alinear a las personas con una nueva forma de trabajar.
El futuro del trabajo no es una amenaza lejana. Está más cerca de lo que imaginamos y exige decisiones hoy. Comprender que no se trata de humanos contra máquinas, sino de alianzas inteligentes entre capacidades humanas y tecnológicas, será clave para construir organizaciones más productivas, sostenibles y humanas en la era de la inteligencia artificial.
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