¿Para qué sirve la COP26 climática?

La conferencia COP26 que empieza en unos días en Glasgow, Escocia, es un evento de importancia mundial en que participarán todas las naciones del planeta para discutir sobre la implementación del plan de acción climático del Acuerdo de Paris.

La conferencia COP26 que empieza en unos días en Glasgow, Escocia, es un evento de importancia mundial en que participarán todas las naciones del planeta para discutir sobre la implementación del plan de acción climático del Acuerdo de Paris. Pero, viendo el escaso progreso ante las ambiciones pactadas en las COPs anteriores, debemos preguntarnos, ¿es realmente importante? Si lo es, y a continuación lo explico.

El término COP viene de las siglas en inglés de “Conference Of the Parties”, parte de la convención marco sobre cambio climático de las Naciones Unidas (UNFCCC). En esta COP26, se reunirán delegaciones nacionales, representantes locales, empresariales, y de organizaciones de la sociedad civil. En ella, los países se ven “obligados” ante los ojos del mundo, a reportar y actualizar su plan de acción de para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, los llamados NDCs -del inglés “Nationally Determined Contributions”. Ahí se juntan gatos, perros y ratones, porque éste es un escenario bastante desigual, donde los grandes emisores tienen una mayor responsabilidad que aquellos que desproporcionadamente sufren las consecuencias (o sea, los países pobres). Los NDCs no solo son una lista de deseos al estilo navideño, sino que tienen que estar basadas en información concreta y medible.

Esta COP es definitivamente el evento que más atención atrae en materia ambiental, y por ende, en el que se realzan a nivel mediático acciones positivas, y propuestas que deben ser adoptadas por las naciones. Debemos recordar que el cambio climático, la degradación ambiental, y la extinción de especies, son asuntos todos relacionados, que no tienen fronteras, y que sus impactos afectan a miles de millones de personas, particularmente en las regiones más pobres del planeta. Y que, desde el punto de vista económico, esta crisis ambiental es también muy importante para todos, sea para países chicos o grandes en cuanto a emisiones. Durante estos días de la COP26, se nos hará recordar que estamos en alerta roja, pero también que existen soluciones en práctica y buenos planes… y que las debemos de cumplir. Pero también, se nos hará ver que como individuos tenemos tareas.

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Activistas ambientales protestan en Londres. | Fuente: EFE

En una reciente entrevista, el renombrado científico sueco Johan Rockström resumió en 5 puntos lo que está en juego en esta reunión: Mitigación, que es precisamente esa lista de compromisos por país para reducir emisiones. Finanzas, qué son los compromisos financieros de las naciones ricas para llegar a esas reducciones. Pagos por emisiones de Carbono, que pretende fijar un mecanismo de pagos por emisiones que pueda ser adoptado internacionalmente por los países y el sector empresarial. La hoja de ruta para salir de la dependencia de combustibles fósiles (carbón mineral, petróleo y sus derivados). Finalmente, la importancia de mantener los ambientes naturales, como la base de la vida y salud del planeta, de sus habitantes todos, incluyendo hasta los más chiquitos.

Entonces, no es poca cosa lo que se discutirá en esta reunión. Y aunque hasta ahora hemos fracasado en algunos de estos compromisos, hay señales de avances. Por ejemplo, desde la primera COP en 1992, el rol de las energías renovables aumentó de casi cero al 3% y se espera que más bien ahora adquiera un crecimiento exponencial. Tristemente, en el año de la COP1, los combustibles fósiles proveían el 76% de la energía mundial. Hoy, ya en la COP26, ocupan el 79%. Hemos retrocedido, junto con la mayoría de otros indicadores ambientales (temperatura global, acidificación de los océanos, extinciones, deforestación, entre otros). Lo que sí ha aumentado es nuestra preocupación, y aunque al parecer ilusa, la esperanza.

El Perú estará presente con su delegación y su lista, tal como lo hicimos en la COP25, (y en la que exitosamente fuimos sede en el 2014), y esperemos que esta vez las propuestas pasen del plan a la práctica. Viendo que la principal fuente de emisiones del país (en más del 50%) es la deforestación y degradación de nuestros ambientes naturales, al menos seamos serios en bajar esa cifra. El 2020 ha sido el peor año de nuestra historia en cuanto a ello, con más de 200 mil hectáreas deforestadas, y -dejando de lado el cuestionable impacto que la COVID-19 pueda haber tenido en ello, los factores que habilitan la ilegalidad no sólo se han mantenido, sino más bien reforzado. El gobierno del bicentenario tiene una gran responsabilidad por delante.

Y a nivel individual, esperemos que esta COP26 nos haga reflexionar de que también podemos aportar para reducir emisiones y un mundo saludable. El excesivo y superfluo consumo, y la necesidad de conectar nuestras acciones como ciudadanos del planeta, sí importan. Incluso en nuestros hábitos cotidianos, apoyando iniciativas de protección de espacios naturales y áreas verdes urbanas, y en el manejo de residuos. Ahí podemos hacer nuestra propia COP26 todos los días desde dentro de nosotros mismos.

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