Dejemos de decir «sé fuerte»

«Sé fuerte» es un mensaje que aún no terminamos de desterrar, incluso cuando no genera ningún alivio.

En el último almuerzo familiar, con las respectivas medidas de autocuidado, conversábamos sobre lo que realmente significa «sé fuerte», ese eslogan perpetuo que se ha incrustado en la cultura popular como una gema sobre algún metal a alta presión. Mi madre, bastante harta de ese tipo de mensajes sin fundamento, decía que eso no funciona, que cuando una persona está pasando por una crisis emocional debe ir a terapia. Yo asentí y expliqué que «ser fuerte» no es un concepto existente dentro de la psicología, la neurociencia o la psiquiatría, en donde hablamos más de factores de protección o de riesgo, habilidades de afrontamiento y resiliencia. Agregué que son estas capacidades las que buscamos amplificar en terapia para que las y los pacientes puedan, una vez que son dados de alta, lidiar con las vicisitudes de la vida sin ver empobrecida su salud mental. Entre bromas, otro familiar cerró la discusión: «Porque, si no, las y los terapeutas solo les dirían a sus pacientes “Sé fuerte” y la terapia duraría un minuto».

En efecto, aunque sea más fácil para algunas personas pensar que podemos «fortalecer» nuestra mente con solo pensarlo, la verdad es que al cerebro le cuesta más tiempo aprender habilidades de afrontamiento. No tenemos ningún comando neuronal automático que, a la voz de «sé fuerte», genere una barrera protectora o un exoesqueleto contra lo que nos podría generar dolor emocional. Con lo que sí contamos es con factores de protección, que son características psicológicas que ayudan a disminuir el impacto de las situaciones estresantes. Dependiendo de la herencia genética y de las experiencias de vida durante el desarrollo (sobre todo, en la infancia), una persona va a tener mejores o peores recursos para afrontar las demandas de su vida. Posiblemente, alguien sin una carga genética proclive a desarrollar trastornos mentales y con recuerdos de una infancia afectuosa y comprensiva, que deba hacerle frente a la muerte intempestiva de un amigo cercano, logre superar esa situación luego de un periodo saludable de duelo. Sin embargo, otra persona, bajo la misma demanda, pero con padres o abuelos diagnosticados con algún trastorno mental, y con una niñez construida con grandes cuotas de violencia, podría desarrollar algún trastorno del estado de ánimo —y estén seguras y seguros de que decirle «sé fuerte» no va a aportar ningún tipo de beneficio, más allá de llenar el aire con un par de palabras—.

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"«Sé fuerte» es un mensaje que aún no terminamos de desterrar, incluso cuando no genera ningún alivio". | Fuente: Freeimages

Es por ello que conviene borrar de nuestro repertorio de consejos este mensaje vacío; aun cuando lo digamos con nuestra mejor disposición, no tiene ninguna utilidad e, incluso, puede hacer sentir a la persona afectada como responsable de su malestar emocional por ser incapaz de resolverlo. Si queremos ayudar realmente, podemos reemplazar este «intento de ayuda» por una escucha empática, que sinceramente busque oír y comprender lo que la otra persona tiene para decir sin emitir juicios de valor; y por nuestra presencia incondicional. A estas dos estrategias les podemos sumar la motivación, mas no la presión, por iniciar un proceso de psicoterapia. Este acercamiento transformará la desentendida frase «sé fuerte» por un mensaje más profundo y latente: «Es válido que te sientas así; aquí estoy para ti».

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