La otra pandemia: Una mirada desde la evidencia

El Perú está entre los países que lideran las consecuencias sanitarias y económicas por la COVID-19. Ambos factores están vinculados al aumento de violencia familiar. ¿Por qué no hablamos más de esta otra pandemia?

Junto a la pandemia por COVID-19, una segunda menos visible apareció. En diversos países, se constató que la violencia contra mujeres, niñas, niños y adolescentes había aumentado. Si bien al inicio de la pandemia solo existía registro del aumento de denuncias o llamadas a las líneas telefónicas de ayuda, ahora ya se cuenta con trabajos empíricos serios que dejan atrás información anecdótica.

En Argentina, el aumento de casos de violencia familiar fue de 28% durante la pandemia (Perez-Vincent et al., 2020), mientras que en México aumentaron las llamadas por violencia psicológica (Silverio-Murillo & Balmori de la Miyar, 2020). Otros países, como España, Australia y EE.UU. muestran situaciones similares: junto a la pandemia por COVID-19, esa otra pandemia también avanzó.

Perú no ha sido la excepción. Un estudio reciente, realizado por Jorge Agüero, identificó un aumento del 9% en el número de llamadas que recibió la Línea 100 del MIMP (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables) durante los dos primeros meses de la cuarentena.

La Línea 100 se convirtió en el servicio emblemático durante la pandemia. Ante el cierre de los Centros de Emergencia Mujer del propio MIMP y la dificultad de acudir a las comisarías a denunciar, esta línea telefónica se convirtió de facto en el único canal para víctimas de violencia. Valga la aclaración, la Línea 100 brinda información, orientación, consejería y soporte emocional a víctimas y terceros que conocen de estos casos. Pero no recibe denuncias.

¿El aumento de la violencia era esperable? Sí. Ya había pasado durante el brote del ébola en África cuando también se aplicaron cuarentenas (Adhiambo Onyango et al., 2019). Ahora ya lo sabemos muy bien. La cuarentena encierra a víctima y agresor entre cuatro padres, aumentando las tensiones y riesgos asociados en contextos de desigualdad, roles de género tradicionales y machismo.

Hoy en día, sabemos mucho más de la COVID-19 que de la violencia contra mujeres, niños y niñas en este contexto. Y se ha hecho muy poco para revertirlo.

| Fuente: Andina | Referencial

Sobre lo anterior, llueve sobre mojado. La evidencia señala que cuando a la economía le va mal, sus efectos se trasladan al hogar en forma de estrés económico que en última instancia crean un ambiente propicio para un incremento en agresiones contra familiares, básicamente contra mujeres, niñas y niños.

Justamente, la evidencia está para brindarnos luces en este escenario de poca claridad. Rescato tres puntos centrales de estudios recientes:

Primero, durante la pandemia, la violencia familiar no ha aumentado a un mismo ritmo. Un trabajo en 14 ciudades en EE.UU. identificó que la violencia familiar varió en intensidad durante los primeros tres meses de la cuarentena (Piquero et al, 2020).

Segundo, esta otra pandemia también parece tener un pico y quizás una meseta. En otro estudio realizado también en EE.UU. el aumento de la violencia doméstica fue mayor en las cinco primeras semanas de asilamiento (Leslie & Wilson, 2020).

Tercero, la violencia puede demorar en activarse. En México, por ejemplo, fue recién en la quinta semana de cuarentena por COVID-19 cuando la violencia fue significativamente distinta que los meses anteriores (Silverio-Murillo & Balmori de la Miyar, 2020).

En una siguiente entrega analizaré los datos de la Línea 100 del Perú. Ahí se constatará, tal como lo dictan estos estudios, que la intensidad del aumento de la violencia ha sido distinta, que cada tipo de violencia (psicológica, física y sexual) ha variado en forma distinta y que distintos grupos (mujeres, niñas y niños, y adultas y adultos mayores) han tenido incentivos distintos para llamar a la Línea 100.

Por ahora, urge realzar la necesidad de medidas urgentes, innovadoras y de mayor cobertura que hasta ahora no se han observado para prevenir ni frenar la violencia familiar en tiempos de pandemia.

 

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Adhiambo Onyango, M., Resnick, K., Davis, A., & Ramesh Shah, R. (2019). Gender-Based Violence Among Adolescent Girls and Young Women: A Neglected Consequence of the West African Ebola Outbreak. In D. Schwartz, J. Anoko, & S. Abramowitz (Eds.), Pregnant in the Time of Ebola. Global Maternal and Child Health (Medical, Anthropological, and Public Health Perspectives). Springer.

Agüero, J. M. (2020). COVID-19 and The Rise of Intimate Partner Violence. http://repec.org

Leslie, E., & Wilson, R. (2020). Sheltering in place and domestic violence: Evidence from calls for service during COVID- 19. Journal of Public Economics, 1-7.

Perez-Vincent, S. M., Carreras, E., Gibbons, M. A., Murphy, T. E., & Rossi, M. (2020). COVID-19 Lockdowns and Domestic Violence: Evidence from Two Studies in Argentina. Banco Interamericano de Desarrollo.

Piquero, A. R., Riddell, J. R., Bishopp, S. A., Narvey, C., Reid, J. A., & Piquero, N. L. (2020). Staying Home, Staying Safe? A Short-Term Analysis of COVID-19 on Dallas Domestic Violence. American Journal of Criminal Justice, 601–635. https://doi.org/10.1007/s12103-020-09531-7

Silverio-Murillo, A., & Balmori de la Miyar, J. R. (2020). Families under Confinement: COVID-19, Domestic Violence, and Alcohol Consumption. 28.

 

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