La influencer contó sobre su embarazo. | Fuente: Instagram

Kim Kardashian contó en un podcast que cuando estuvo embarazada de su hija North en 2013 estuvo a punto de morir y de perderla. Por medio del podcast "All's Fair", la sociálite contó que le dio preclampsia y tuvo que dar a luz seis semanas antes de lo programado. 

En la grabación, ella cuenta que cuando apenas salió embarazada del rapero Kanye West, aún su divorcio con el jugador Kris Humphries no había terminado. “Literalmente pensé que tuve un aborto, porque estaba sangrando mucho y sentía un gran dolor”, narró. Ella señaló que cuando llegó a la clínica no había latidos. “Tuviste un aborto espontáneo', se dijo.

Sin embargo, días después regresó a la clínica en donde los médicos llegaron a encontrar un latido. "Obviamente terminamos teniendo a North, pero tuve un embarazo muy malo. Tuve preeclampsia, di a luz seis semanas antes, la niña pesó 1,800 kg y me diagnosticaron placenta accreta", explica.

La placenta accreta es una afección mortal en la que la placenta se adhiere a las paredes uterinas y no se desprende después de haber dado a luz, provocando hemorragias internas. "Honestamente, por esto pueden morir muchas mujeres a la hora del parto, por lo que hay que sacar la placenta en un tiempo determinado para evitar la hemorragia", añadió. 

Ella señaló que los doctores tuvieron que sacarle la placenta con las manos, lo cual ocasionó que se forme un agujero en su útero y que genere que el músculo no vuelva a crecer. Tras esto, le explicaron que sería prácticamente imposible volver a quedar embarazada.

"Después de tener a North atravesé un proceso de obtención de embriones para su congelación y traté de quedar embarazada durante un año y medio, cosa que no conseguí. Me dijeron que probablemente no quedaría embarazada, así que probé suerte y me implantaron uno de mis embriones. Y pude quedar embarazada de Saint", explica.

Lo que Kardashian West no vio fue que este embarazo fue incluso peor que el anterior e hizo que casi pierda la vida. Fue entonces cuando los médicos le aconsejaron a Kim Kardashian que se informase sobre la gestación subrogada si quería seguir teniendo hijos, ya que un nuevo embarazo, además de imposible, podría terminar con su vida. Y así, nacieron Chicago y Psalm West.

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