Cientos de menores alquilan sus espaldas para llevar droga en el Vrae

Muchos de jóvenes, llamados "mochileros", arriesgan su vida transportando droga en hombros desde la principal zona cocalera del Perú, en el Vrae, a la zona andina.
Foto: EfeSon decenas, centenares; los llaman "mochileros", muchos de ellos son menores de edad, y en la zona del VRAE, al sureste del Perú, cumplen una función vital para el narcotráfico: cargar a sus espaldas, a veces en viajes de varios días, las drogas que se producen en la zona.

Son seres invisibles en muchos sentidos.

Lo son pues recorren los caminos más alejados en las noches para no ser detectados (además que cuando la población los ve prefiere ignorarlos), y lo son igualmente porque pese al problema social que representan, el Estado no le presta la atención requerida.

Los "mochileros" o "cargachos" llevan a sus espaldas la droga, que debe salir de la principal zona cocalera del Perú, el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE) hacia la zona andina y de allí a Lima.

Andan en grupos y armados, tienen en algunos casos protección de la guerrilla de Sendero Luminoso (SL), cada uno puede ganar 150 dólares por viaje, pero los riesgos que corren son enormes por los enfrentamientos con el ejército o porque pueden querer robarles su carga.

El comandante general del Ejército peruano, Otto Guivobich, señala que "los mochileros no andan aislados sino en grupo, con la protección que les da Sendero" y reconoce que no es fácil localizarlos.

En el 2008 el comandante a cargo de un operativo militar "se encontró con una columna de mochileros, había unos 15 hombres armados y hubo un enfrentamiento" en el que murieron siete de ellos y se capturaron siete fusiles.

"Jóvenes que no tienen secundaria, al ver que su única opción para poder seguir estudiando es Ayacucho o Lima y que eso cuesta, se convierten al negocio cocalero y terminan como mochileros", dice a la AFP Edgar Licra, gobernador del municipio de Llochegua.

Parten en las noches de la selva baja, a veces hasta 40, muchos de ellos armados, y van subiendo por caminos de herradura hasta encontrar la parte alta de la sierra, razón por la cual en las poblaciones andinas los llaman "la gente que camina en las alturas" tal como se refieren a los senderistas.

Uno de ellos dice tener 24 años aunque revela más edad. Se ve que el sol le ha dado mucho.

El prefiere no dar su nombre ni decir qué hace actualmente pero señala haber participado en el circuito de los mochileros.

"Se viaja de noche por los caminos que suben a la sierra. A veces van 30 o 40 mochileros. Por razones de seguridad el mínimo es 10, con un guía armado y uno que protege atrás", dice.

"En el grupo que yo conocí a cada mochilero se le permitía cargar lo más 10 kilos para los viajes largos, de dos o tres días. Unos pedían más para ganar más, pero no los dejaban porque se necesita caminar rápido", dice el hombre a la AFP.

"Lamentablemente entre los mochileros hay muchos chicos, una muestra de que la del VRAE es una juventud sin alternativas, ametrallada permanentemente por la televisión y por la radio por el consumismo de la población peruana, buscan qué hacer y los narcos les ofrecen trabajar de mochilas", dice el experto Hugo Cabieses.

Las distintas actividades en el VRAE no respetan la edad: si hay menores de edad que se dedican a ser mochilas, también los hay que se dedican a la recogida y el secado de la coca o participan, armados, en varios de los más de 400 grupos de autodefensa de la zona, donde toda la comunidad se involucra.

Filomena Vicaña Soto, una humilde agricultora y madre de cinco hijos, que vive en el caserío de Lagunilla dice que éstos -todos menores- "ayudan en la recogida de la coca y en el secado los días sábados".

El VRAE tiene un índice de pobreza de 92% y las oportunidades para las jóvenes son escasas.

En ese paisaje alquilar tu espalda para llevar droga se convierte en una de las pocas alternativas.