Grupos de autodefensa en el Vrae se sienten abandonados por el Estado

Sobre una población de 120.000 habitantes en todo el VRAE, unas 25.000 personas son ronderos.
Quince hombres patrullan con fusiles de caza a lo largo del río Sabogato, cruzándose instrucciones: es parte del
entrenamiento de los ronderos, grupos de autodefensa de la región cocalera del VRAE en el sureste del Perú, prestos para combatir, si es necesario, a la guerrilla de Sendero Luminoso.

"La pelea es difícil acá porque la zona favorece el camuflaje", dice un hombre curtido, como de unos 35 años, y que no da su nombre. Señala la tupida selva que rodea ese lugar para demostrar lo que acaba de decir, y luego señala que eso no es lo peor, "lo peor es que el Estado nos abandonó".

Una queja que se escucha constantemente entre los ronderos del Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), una zona donde las autoridades han puesto sus ojos por sus 16.000 hectáreas de coca y por el auge del narcotráfico.

Ronderos son todos, los hombres adultos, los niños, las mujeres
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Sobre una población de 120.000 habitantes en todo el VRAE, unas 25.000 personas son ronderos, una cultura que viene de su necesidad de unirse en la década de los 80 frente a las acciones contra ellos por parte de Sendero Luminoso (SL).

Walter Aguilar, presidente de la Asociación de Afectados por la Violencia Política del VRAE, considera que hoy en día "el rondero no está capacitado para estar sigueteando (enfrentando) a la subversión".

"Para eso son las Fuerzas Armadas, que están capacitadas y especializados para contrarrestar a la subversión y al narcotráfico", dice Aguilar.

Durante la época fuerte de Sendero (décadas de los 80 y 90) "la guerra obligó a la gente del VRAE a concentrarse y organizarse.

La zona está dividida en pagos, y cada pago tenía una ronda que cuidaba las casas para protegerse de Sendero y para protegerse del Ejército", dice el especialista Hugo Cabieses.

"A partir de 1988 los ronderos se integran a las Fuerzas Armadas que les entregan escopetas de caza y entrenamiento", agrega.

"En este momento los ronderos reciben supuestamente el apoyo del Estado pero éste desconfía de ellos y los descuida", agrega Cabieses.

Esto es un grave problema que el Estado peruano no ve en su total dimensión, dicen varios analistas.

Según Rubén Vargas, "hay una tremenda irresponsabilidad de parte del Estado de haber abandonado a los comités de autodefensa después del papel tan importante que tuvieron en la pacificación del país".

Agrega Vargas que de esa manera se corre el riesgo de que puedan ser captados por el narcotráfico.

El militar retirado César Vásquez, que trabajó por años en colaboración con los ronderos, considera que éstos hicieron un gran trabajo de inteligencia en la lucha contra Sendero.

"Son personas con formación militar y al descuidarlos, el peligro es que puedan ser captados por grupos radicales de izquierda".

El comandante José, líder de unos 250 a 300 senderistas en el VRAE, amenazó de muerte en una reciente alocución a dos líderes de las Autodefensas, Antonio Cárdenas y Wagner Trineo, "porque incentivan al pueblo para que sirva de carne de cañón por las Fuerzas Armadas".

Cárdenas le replicó que "si hay represalia conmigo estarían chocando con todas las autodefensas del VRAE, ya que represento a las 450 bases de los comités de Autodefensas organizados en el VRAE".

Para Ricardo Soberón, especialista en temas de narcotráfico, aliarse con los ronderos es una de las claves para que el Estado retome el control del VRAE.

"Sendero y la economía del narcotráfico llevan unos pasos adelante al Estado en su convencimiento de la sociedad del VRAE", dice.

Para el Estado es vital "ganar a esos 25.000 ronderos". Tras la emboscada del 9 de abril en que murieron 15 militares, en el VRAE los ronderos temen que la violencia recrudezca.

"Viene el rebrote", dice el rondero Macedonio Madanasa, quien  pregunta "¿con qué armas vamos a luchar nosotros?" si no hay ayuda del Estado.

AFP