Más de seis millones de peregrinos procedentes de todo México y de otros países han acudido a conmemorar las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el santuario erigido en su honor en la capital mexicana.

Muchos de ellos vienen acompañados por sus familias y mantienen, desde hace años, la costumbre de acudir a la Basílica de Guadalupe, construida en el sitio donde según la tradición la Virgen se apareció en varias ocasiones al indígena Juan Diego a lo largo de 1531, la última el 12 de diciembre de aquel año.

Viajan con imágenes, figuras religiosas y flores, que se apresuran a alzar para que reciban el agua bendita que un sacerdote rocía a las afueras del recinto.

Allí, los peregrinos se acumulan y obtienen un merecido descanso tras caminatas que comienzan, en muchos casos, en la madrugada y que alcanzan su culminación cuando sus ojos se encuentran, por fin, con los de la Guadalapana.

Quince cuerpos de emergencia aguardan en sus puestos por si fuese necesaria su intervención. En total, estos días han efectuado 3.900 atenciones médicas, y las causas más comunes son los desmayos, los desvanecimientos y las descompensaciones de la presión arterial.

"La gente se olvida de las recomendaciones, no toma sus medicamentos, no quieren comer en el camino y quieren llegar cuanto antes, por lo que no se alimentan bien, no se hidratan...", señala Jesús Valdés, paramédico de la Basílica.

La tienda de recuerdos también se llena durante esta semana, ya que los días previos al 12, la gente acude para comprar imágenes y elementos para decorar las capillas que dedican a la patrona de México.

Sin embargo, durante ayer y hoy los objetos más solicitados por los peregrinos son "las estampitas, los escapularios y los rosarios", cita una de las vendedoras de la tienda, mientras hace los cálculos para cobrar a unos clientes brasileños, que quieren pagar la mitad de su importe en dólares.

Los peregrinos venidos de diferentes países levantan orgullosos sus banderas al dar los últimos pasos de su recorrido.

EFE