Cindy Novoa, volante de la Selección Peruana. | Fuente: RPP Noticias

Si había suerte, crecía césped, pero lo normal era jugar ‘fútbol chacra’ sobre piedras. Ahí, en Achamal, un lejano pueblo de Amazonas al que no llega el Internet, necesitaba muy poco para ser feliz. Un espacio vacío y una pelota. Nada más. Ni una cancha, ni zapatos. Un lugar, la pelotita y las ganas eran suficiente. Sin embargo, en los campeonatos interescolares, esos que se realizaban de pueblo en pueblo, la cosa se ponía mucho más difícil. ¿El problema? Ser ‘ella’ y no ‘él’.

Cindy Novoa es su nombre. Ahora tiene 23 años, es capitana de Universitario y jugadora de la Selección Peruana, pero en ese entonces solamente era una niña. Y ser niña -hay que decirlo- ya era un punto en contra. Debía, según lo que imponía la sociedad, jugar con las muñecas, a la cocinita o cualquier otra cosa que no implique peligro. El fútbol, al ser deporte de contacto, era para niños, para hombrecitos que, sin importar tamaño o contextura, debían sorportar golpes y patadas solo porque sí.

Cindy también estaba dispuesta a ir al choque, a aguantar pelotazos y a pelear las divididas, pero no la dejaban. Por eso, de todos los partidos que se jugaron en los torneos, ella solamente jugó uno. Uno. No más.

“Allá son chapados a la antigua. Estaba un poco difícil que me dejen jugar. No era bien visto, decían ‘a esa chica la vamos a golpear’ porque, supuestamente, los hombres son más fuertes”, dice ahora, años después, parada en la cancha de la Videna, lugar en el que se prepara para, en un par de meses, representar a Perú en los Panamericanos Lima 2019

Cindy Novoa en la Selección Sub 20. | Fuente: Cindy Novoa

El despegue

Si los prejuicios le hubieran ganado a su voluntad, seguro se habría dedicado a otra cosa. Pero ni siquiera la incomodidad de Desho Novoa, su papá, por quien nació su gusto por el fútbol, la llevó a rendirse. “No le llamaba la atención que yo jugara”, cuenta ella. El argumento era el mismo que el del resto, pero disfrazado de protección: tenía temor a que la golpeen.

Juana Díaz, su mamá, en cambio, la apoyó siempre. Por eso, cuando su hija tenía 13 años, armó las maletas de ambas y la acompañó los casi 800 kilómetros que separaban su casa de Lima. Ya en la capital, la inscribió en una escuela de fútbol para hombres de Alianza Lima. Acostumbrada a jugar en medio de tantos chicos, adaptarse no se le hizo difícil. Y ganarse un lugar en el equipo, tampoco.  

Su sueño empezó a cumplirse cuando, tras un partido de prácticas ante Real Maracaná, el equipo femenino de Chosica la quiso en sus filas. Permaneció ahí tres años y, desde entonces, tras muchas buenas actuaciones en el Torneo Federación, empezó a alimentar su CV. No solo con el llamado a la Selección Peruana Sub 20, a los 17, y luego a la mayor, sino también con sus pasos por Sport Boys, Perú Colombia y Universitario de Deportes, equipo en el que, actualmente, lleva la cinta.

Cindy Novoa, durante su paso por Sport Boys. | Fuente: Cindy Novoa

Su rutina

Está citada a las 7:00 am., pero llega al Lolo Fernández a las 6:20 am. Antes de entrenar dos horas con la ‘U’, debe cumplir con la rutina que la Federación le mandó la noche anterior. Permanece en Breña hasta las 9:00 am. y, de inmediato, se dirige a sus clases de inglés. Al mediodía enrumba a casa, en Los Olivos, para almorzar, tomar la siesta y, a las 5:00 pm., ir a la Videna. El entrenamiento con la bicolor varía según la disponibilidad de canchas. Algo que, Cindy sabe, difícilmente pasaría con equipos masculinos.

“Es complicado que nos vean de igual manera a las mujeres que a los hombres. Incluso, para las empresas grandes, nosotras no damos en tema de marketing. Ahora FIFA y Conmebol apoyan al fútbol femenino porque ya no hay más copas que crearles a ellos. Que sepan que las mujeres también jugamos, a veces hasta mejor que los hombres”, opina.

La volante de la bicolor considera, además, que los Panamericanos Lima 2019 son una buena oportunidad para que se hable más de ellas. Por eso, aunque EE.UU, Colombia y Argentina son los equipos candidatos al oro, ella piensa en grande. Sabe que será difícil, sobre todo porque en otros países, a diferencia de Perú, el fútbol femenino ya es profesional. Acá nos falta mucho. Muchísimo. Se priorizan las divisiones menores masculinas al equipo mayor femenino. No hay preocupación por las bases, y mucho menos por la alimentación. El sueldo no es comparable al de los hombres y, hasta hace poco, el gimnasio de la Videna no podía ser usado por las mujeres.

Pero, aunque el camino sea largo, si no tuviera confianza, nunca habría llegado a Lima buscando oportunidades. Por eso cree que, con trabajo, es posible: “El objetivo es ganar los Panamericanos. ¿Por qué no? Aquí, en Perú, si ganas algo recién te apoyan. Que la gente nos apoye y vea nuestro trabajo. La estamos sudando porque tomos somos Perú. Si ganamos, vamos a ganar en nombre de Perú”.

Cindy Novoa con la Selección Peruana. | Fuente: Cindy Novoa

Vueltas y sorpresas

Cuando regresa a su natal Achamal, Centro Poblado de Chirimoto, en Amazonas, ya no necesita convencer a nadie para tocar la pelota. Ahora son los mismos pobladores quienes le piden que muestre su talento. “El tiempo ha pasado y soy su orgullo. Si voy de vacaciones, tengo que jugar sí o sí en un equipo. Al principio tuve que lucharla para que me acepten. Ahora voy como si nada y, cuando salgo en la ‘tele’, se reúnen a verme. La gente que me conoce sabe que he luchado mucho para jugar fútbol”, contó a RPP.  

Tiene 23 años. Ya no es una niña, pero sigue siendo mujer. Y eso -hay que repetirlo- aún es un punto en contra. Las oportunidades no son las mismas, pero las ganas de trabajar por una sociedad más igualitaria sí lo son. Por eso, aún sueña con emigrar y con que, algún día no tan lejano,las chicas unan su voz y el fútbol femenino empiece a ser profesional para que, en las futuras generaciones, ser ‘ella’ no signifique un problema.

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