Macron y Trump: ¿A las puertas de la ruptura entre Washington y París?

Los tiempos de aparcar las diferencias parecen haber terminado para Trump y Macron, que este 20 de enero chocaron más violentamente que nunca.
Los tiempos de aparcar las diferencias parecen haber terminado para Trump y Macron, que este 20 de enero chocaron más violentamente que nunca. | Fuente: EFE (composición)

Hace poco más de ocho años, Donald Trump ocupaba un lugar privilegiado en los Campos Elíseos, como invitado de honor de Emmanuel Macron a la conmemoración de la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial. Hoy, las relaciones entre ambos están en horas bajas, luego de choques por Ucrania, por Gaza, por Groenlandia, por la guerra arancelaria y muchos otros temas, pero no siempre fue así. Esta es la historia de cómo se abrió una grieta que parece difícil de reparar.

Hubo un tiempo en el que Donald Trump y Emmanuel Macron eran capaces de mantener sus alianzas a pesar de las diferencias.

Apenas mes y medio después de que el presidente estadounidense retirara a su país del Acuerdo de París (para decepción del Elíseo), Macron deponía sus objeciones y lo invitaba a ocupar un palco de honor en el desfile militar organizado para conmemorar los 100 años de la asociación de ambas naciones como parte de los aliados en la Primera Guerra Mundial.

Era el Día de la Bastilla de 2017. Macron había transitado apenas tres meses de su primer mandato. Trump ya comenzaba a sacudir el tablero geopolítico mundial, a poco más de seis meses de su llegada a la Casa Blanca, y aun así era el invitado de honor en un desfile militar para celebrar la alianza militar de 1917.

Nueve meses después, el francés era el primer mandatario extranjero que visitaba la Casa Blanca en la primera era Trump, en un nuevo e improbable capítulo de una amistad que sobrevivió a las simpatías mostradas por el magnate a la ultraderechista Marine Le Pen durante las elecciones francesas.

Los tiempos de aparcar las diferencias parecen haber terminado para Trump y Macron, que este 20 de enero chocaron más violentamente que nunca, con el republicano publicando mensajes privados del francés y rechazando su invitación a la cumbre extraordinaria del G7, y este calificándolo de “matón” que busca imponer “la ley del más fuerte”.

Amigos inesperados

El pragmatismo caracterizó los primeros acercamientos entre Trump y Macron. Es cierto que había muchas razones para la desconfianza mutua, por las diferencias en torno al acuerdo climático de París y porque el francés era ya entonces un apasionado defensor de la integración europea, contra el antiglobalismo del norteamericano.

Habían chocado durante sus respectivas campañas, por la alineación ideológica de Trump con Le Pen y porque Macron había cuestionado la postura ambiental del magnate, parafraseando su eslogan para invitarlo a “hacer grande nuevamente a nuestro planeta”, e invitando a Francia a ciudadanos estadounidenses decepcionados por la poca conciencia climática de su presidente.

Pero cuando coincidieron por primera vez en mayo de 2017 en Bruselas, Macron sorprendió a Trump con un fuerte y prolongado apretón de manos que desconcertó al líder conservador y comenzó a derribar las barreras.

El Brexit había dejado a Francia para entonces como el único país de la Unión Europea con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y eso convirtió a Washington y París en interlocutores naturales.

La Alemania de Angela Merkel no había mostrado particular apertura hacia Trump y el Reino Unido de Theresa May estaba imbuido en su propio proceso de salida de la Unión Europea, tratando de mantener un liderazgo cada vez más tambaleante. Macron entendió el papel que le tocaba jugar para tender también un puente entre la Casa Blanca y Bruselas.

"Emmanuel Macron quiere intentar evitar que el presidente de Estados Unidos se quede aislado. A veces él puede tomar decisiones con las que estás en desacuerdo, como por ejemplo en el cambio climático. Podemos decir 'no vamos a hablar porque no has sido amable' o podemos acercarnos a él para mantenerlo dentro del círculo", declaró en su momento el portavoz del gobierno francés Christophe Castaner.

Macron encontró los puntos en común, entre ellos la lucha que ambos países libraban en ese momento contra el autodenominado Estado Islámico, y consiguió colocar a Francia en la posición de relevancia internacional que ambicionaba, gracias a ese acercamiento.

Comienzan a aparecer las diferencias

Pero la luna de miel no duró mucho. El encanto de Macron no fue suficiente para prevenir el aislacionismo de Trump, y los desacuerdos fueron más grandes que la voluntad de mantener vivos los lazos.

Apenas dos meses después de la visita de Macron a Washington en 2018, el francés promovía la exclusión de Trump de una declaración del G7 sobre comercio, en rechazo a la eliminación de las exenciones temporales que la Unión Europea tenía en los controvertidos aranceles al acero y el aluminio por parte de Estados Unidos.

En noviembre de 2018, Macron desataba la ira de Trump al declarar que Europa no podía seguir confiando en Estados Unidos en materia de defensa, palabras que el republicano encontró “muy insultantes”.

Al año siguiente, los dos volvían a chocar, cuando Macron cuestionó el retiro de las tropas estadounidenses de Siria y un ofendido Trump amenazó con aranceles a productos franceses, como el queso y la champaña.

Al final de su primer mandato, para Trump, su homólogo francés no era más que un “cobarde” y “120 libras de furia”, como relató en un libro la exsecretaria de Prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham.

Más grave aún, cuando se desató el escándalo de los documentos oficiales retenidos por Trump en su casa de Mar-a-Lago después de haber salido de la presidencia, filtraciones a la prensa revelaron que entre estos archivos había información de inteligencia que el magnate había recopilado sobre Macron.

Guerra abierta

Desde entonces, la relación, al menos pública, entre ambos presidentes ha ido fluctuando. Y en el último año ha aumentado la distancia entre la Casa Blanca y el Elíseo.

La inconsistencia de Trump en torno a Ucrania, sus cuestionamientos al compromiso de los socios de la OTAN con su propia defensa y su reticencia a ofrecer garantías de seguridad que los europeos reclaman como naturales en virtud de la alianza atlántica no han hecho sino agrandar la grieta con París.

Las posiciones encontradas en torno a la guerra de Israel en Gaza también ensancharon las distancias, con Trump avalando firmemente a Benjamin Netanyahu y la mortífera ofensiva del ejército israelí sobre Gaza, y Macron otorgando su reconocimiento al Estado palestino y apoyando la solución de los dos estados.

En julio de 2025, Washington boicoteó una cumbre de alto nivel convocada por Francia y Arabia Saudita para avanzar en la constitución de un Estado palestino, un evento que la portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, calificó de “improductivo”.

Las apetencias estadounidenses sobre Groenlandia han terminado por agrietar todavía más el vínculo. París no solo ha sido vocero fundamental de Europa en el apoyo a la soberanía danesa sobre la isla ártica, sino que movilizó medios terrestres, aéreos y marítimos propios hacia la tundra groenlandesa.

Por supuesto, es el destinatario principal del golpe favorito de Trump sobre el cuadrilátero político: los aranceles. Es uno de los ocho países a cuyas exportaciones impondrá gravámenes punitivos el líder conservador, pero además tiene una amenaza adicional de aranceles de 200% a los vinos y champañas de las campiñas galas.

Los desaires recíprocos han incluido el rechazo de Macron a la invitación de Trump de ocupar un puesto en la “Junta de Paz” para Gaza y la negativa de Trump de asistir a la cumbre extraordinaria del G7 convocada por Macron para tratar el tema de Groenlandia.

Pero después de que el estadounidense publicara mensajes privados del francés y este le respondiera el 20 de enero en Davos asegurando que "preferimos el respeto a los matones, y preferimos el Estado de derecho a la brutalidad”, la intervención de Trump ante el Foro Económico Mundial este miércoles 21 de enero se anticipa mucho más virulenta que de costumbre, especialmente en relación con Francia.

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